¡Llegó el derbi!

Noviembre 9, 2009

Hijos míos, también disfrutábamos del fútbol en el Mundo Antiguo…¡y no veáis cómo se ponía El Trasgo Sarasa, la taberna de nuestro buen amigo Cipriano, que nos servía de base de operaciones! Leed, leed…

Estábamos en el mes de Giûl (octubre) del año 15 antes del Cataclismo, en nuestra querida ciudad, Balshad, capital del Reino de Grendopolán; se vivía, se respiraba, se sentía ambiente de fútbol, ya que el domingo se enfrentaban los dos conjuntos locales: el Atlético y el Unión. ¡Partidazo al canto!

Duelo a muerte

Contextualizando el panorama: el Atlético de Balshad, equipo del que Avelino, Segis, Poli y yo éramos fervientes hinchas, era el equipo poderoso de la urbe: sus 12 Ligas, 4 Copas de Grendopolán y una Copa de la Tierra Media hacían de este club, cuyos colores eran el naranja y el blanco, una potencia balompédica a nivel continental. Y el mejor, qué coño.

Al otro lado del río estaba el Unión Deportiva de Balshad, entre cuyos seguidores se hallaban Lucinio, Evaristo y Satur. Equipo con menor palmarés que el Atlético – tan sólo poseía 4 Ligas, 2 Copas y ningún trofeo internacional-, pero con mayor número de hinchas en la ciudad y la comarca, este simpático equipo – perdón, esta panda de arrastraos-, cuyos colores eran el azul y el amarillo, se había propuesto amargarnos la temporada, ya que se llegaba al derbi en la última jornada con la siguiente situación: estábamos empatados a puntos con el Racing de Vernaya, pero con mejor diferencia de goles; así, si ganábamos éramos campeones y la Unión bajaba; si empatábamos, quedábamos a expensas ambos clubes de lo que hicieran otros equipos, y si ellos nos ganaban el partido mantenían la categoría y nosotros, lo más probable, perderíamos el título, a no ser que el Gimnástica de Mataorcos venciera al Vernaya, algo muy poco probable.

Desde 4 horas antes del choque, El Trasgo Sarasa era un pandemonio: la inmensa taberna, atendida por Cipri y sus 6 sobrinos, estaba dividida entre los tenderos (nosotros, por nuestros colores, ya que los delantales de los tenderos en el Mercado Municipal de Abastos eran blancos con ribetes anaranjados) y los serenos (la guardia nocturna de la ciudad vestía uniforme azul y amarillo, de ahí el mote de los de la Unión). Pues bien, Lucinio comenzó a darnos la tabarra con su carraca y sus cánticos de ultra:

- ¡Esta noche, se quema el mercado! ¡Esta noche, tenderos arrasados!

Avelino recogió el guante:

- ¡Serenos a rondar, las noches de segunda, serenos a rondar, las noches de segunda!

Y a partir de ahí, pitos, cánticos y coros insultantes para con el contrario, matasuegras, guerras con bolas de papel, cerveza a mansalva…hasta que Cipri sintonizó con el palantir y el partido dio comienzo.

Menuda jauría de salvajes parecíamos cada vez que había una gran ocasión. En la primera parte, más emoción que juego, aunque Mauricio Barbacana, ariete de la Unión, estrelló un balón en el poste que nos los puso de corbata. Por su parte, Teódulo Laenchufa, delantero del Atlético, lanzó una falta bastante peligrosa que se fue fuera por poco. Así las cosas, 0-0 y al descanso.

En la segunda parte, más de lo mismo: mucho toque, mucho control…pero poca llegada. Demasiado respeto entre los rivales. Y entonces, en el minuto 23, ocurrió la circunstancia que lo iba a cambiar todo. Y no, no fue un gol:

Marcelino Almenas, medio organizador de la Unión, lanzó un pase magistral a Barbacana, que se quedó solo al tirar mal nuestra defensa el fuera de juego. El problema para él es que el balón le quedó algo adelantado, no controlado entre los pies, y Greegan Tabique, portero del Atlético, salió a la desesperada, consiguiendo pegarle una patadón al balón y mandarlo a la grada, antes de que Barbacana chutase, pero con tan mala fortuna que el esférico impactó en la bella cara de la princesa Pili, heredera al trono, dejándole las napias sangrando y llorando la pobre chica como una Magdalena, debido al dolor del balonazo.

Boromir III, el rey, montó en cólera:

- ¡Guardias! ¡Detened a los del Atlético Balshad! ¡Pagarán por lo que acaban de hacer! ¡Que venga el verdugo con el hacha, quiero ver rodar la cabeza del guardameta inmediatamente! 

- ¿Pero qué cojones he hecho yo, por Ilúvatar? – clamaba el pobrecillo Tabique, mientras los soldados lo arrastraban por el césped camino del cadalso improvisado en el palco- ¡Si sólo he despejado un balón!

En El Trasgo Sarasa eran todo alaridos e insultos. Los de la Unión atizaban el fuego:

- ¡Que les corten a todos los huevos, antes de emparedarlos! ¡Que los decapiten y los empalen!

- ¡Que te calles la boca, cerdo sereno!

Total, que se armó el belén: puñetazos, botellazos, sillas volando, mazazos y puñaladas varias, alguna que otra flecha impactando por ahí…y, sin dejar de hostiarnos a base de bien, multitudes enteras de ambas aficiones que abandonábamos los bares y tabernas y nos dirigíamos al estadio, irrumpiendo por la fuerza en el mismo, tras coser a pedradas a la exigua Guardia Pretoriana, responsable de la seguridad. El bochinche era monumental, yo tenía un terrible ardor en el pómulo izquierdo – un puñetazo no esquivado-, Lucinio sangraba por la boca, Poli tenía un ojo a la virulé, Evaristo sangraba por la nariz como un marrano en la matanza, aunque eso no le impedía lanzar conjuros de proyectil mágico contra los hooligans rivales, Segis cojeaba, Avelino estaba escupiendo sus incisivos y Satur, que aplicaba conjuros curativos y algodones con árnica para las heridas, había sido alcanzado por una botella volante, quedando medio bobo. 

A currarse se ha dicho

Convertida la cosa en un cacao generalizado y peligroso, ya que la integridad física de los reyes y de la princesa peligraba, llegaron 15 cohortes de soldados a todo correr, desde el Palacio Real, sumándose a los palos. El césped y las gradas eran el escenario de una batalla televisada por palantir a toda la Tierra Media, que impresionó – tal y como reflejan en sus respectivas  memorias-, al mismísimo Sauron y al mismísimo Elrond. Estando nosotros en pleno fregao, se me puso delante el árbitro del encuentro, Chus Ófsaid, completamente aterrorizado y con un balón reglamentario entre las manos, al que di un puñetazo en plena furia ciega. Soltó el balón, que empezó a ser disputado por los hinchas de alrededor, cogiéndolo con la mano y sacudiéndose de lo lindo para avanzar hacia la portería de la Unión. Poco a poco, con los soldados pinchándonos en el culo por un lado, y la cada vez menor resistencia de los serenos por otro, logramos llegar a la portería contraria, dejando caer Segis el balón y chutando a gol, mientras le abríamos paso a patadas y puñetazos para que pudiera marcar. Éramos campeones y la Unión bajaba a segunda, justo cuando nuestras fuerzas se agotaban y los soldados imponían el orden de un modo brutal, cesando las peleas por completo en todas partes y siendo detenidos; el caso es que el gol fue dado por válido por Boromir III, que lo vio desde el palco – blindado por soldados y hechiceros-, y estaba ansioso por entregar la Copa de Campeón de Liga a quien fuera y largarse. Así, creo recordar que un alférez de infantería, de parte del rey, me vio con mi bufanda del Atlético y me entregó el trofeo (que apenas podía ver porque tenía los ojos prácticamente cerrados por una hemorragia en las cejas), alzándolo yo al cielo de la ciudad durante unos instantes, antes de que me lo quitaran y me encadenaran junto a los demás.

Unos días después, en El Trasgo Sarasa, y en libertad condicional, brindamos Lino, Segis, Poli y yo por el triunfo de nuestro equipo, mientras Luci, Satur y Risto nos miraban con cara de  odio. Un cartero trajo, por correo certificado, un paquete a mi nombre, de parte del Gabinete del Rey; y era nada menos que la Copa (que según las leyes de la Federación era para quien la alzara como campeón), la cual puso Cipri, el dueño del bar amigo nuestro y del Atlético de toda la vida, en el estante principal. ¡Ah, qué sabor y qué gloria tenían aquellos derbis! Hasta otra, Fot Aël S.

P.D.: decapitaron a Tabique.


Zwanzig Jahre schon

Noviembre 7, 2009

Una mujer regala una rosa a un soldado de la RDA, tras la caída del Muro

ES LEBE DIE FREIHEIT!


Leia (y su doble) tomando el sol

Noviembre 7, 2009

leia-tomando-el-sol


Adiós, octubre…

Octubre 29, 2009

Se despide octubre este finde y se acercan las Navidades, sin prisa pero sin pausa. En esta ocasión voy a colgar del YouTube una de las mejores canciones de la música española reciente: el estupendo Kamikaze de los geniales Amaral, para disfrute y movimiento de esqueleto del personal. Que tengáis un buen finde.


Otro chiste Jedi

Octubre 24, 2009


Finde lluvioso

Octubre 22, 2009

Bueno, pues octubre avanza y las lluvias y el frío han hecho su aparición, aquí en Madrid…os propongo un videoclip distinto, sugerente, para ver, escuchar y deleitarse: Heaven & Hell, la pieza de Vangelis para la serie Cosmos, de Carl Sagan. Relajaos y disfrutad:


Chiste Jedi

Octubre 19, 2009


Falleció Andrés Montes

Octubre 18, 2009

Este fin de semana nos hemos encontrado con la pésima noticia del fallecimiento de Andrés Montes, uno de los mejores periodistas y comentaristas deportivos de España.

Adiós a un grande

Adiós a un grande

 Nacido en Madrid en 1956, de padre gallego y madre cubana (de ahí su raza mulata), este aficionado del Atlético de Madrid comenzó su andadura en la radio, en 1980. En 1996 pasó a comentar los partidos de la NBA en Canal Plus TV, donde su imagen tan particular (rapado al cero, gafas redondas y pajarita), se nos hizo a todos familiar, amén de su léxico inventado para dar más sabor y vidilla a sus comentarios (“¡pincho de merluza!”, “Ratatatatá”, etc.). Más tarde, su fichaje por La Sexta (canal de TV), le llevó a comentar fútbol y baloncesto indistintamente (Liga, Copa, Eurobasket, Campeonato del mundo, etc.). Inmortales son sus frases, como “La vida puede ser maravillosa”, “Tiqui-taca Salinas” (hay un bar en Aluche que se llama así, lo juro), “Jugón”, “Fútbol con fatatas”, “Wilma, ábreme la puerta”

El 20 de septiembre de este año anunció su salida de La Sexta, pero sus proyectos ulteriores (como por ejemplo, la promesa de hacer un desnudo integral delante de las cámaras, si el Atlético de Madrid ganaba alguna vez la Copa de Europa), no han podido realizarse, ya que la muerte se ha cruzado en su camino. Nuestras condolencias a familiares, amigos y compañeros. Descanse en paz.


Con todas sus luces, con todas sus sombras

Octubre 12, 2009

Conquista militar, matanzas de enemigos, epidemias desconocidas por los indios, imposición de una lengua y una religión, esclavismo de los negros, servidumbre de los nativos, racismo en las divisiones sociales, destrucción de códices y testimonios de las culturas autóctonas…

…la imprenta, la escuela, las universidades, la forja de los metales, las armas de fuego, la pólvora, una lengua común y una religión más evolucionada, la rueda, el café, el azúcar, el alfabeto latino, la supresión de cultos sanguinarios, el caballo, la filosofía, la botánica, la literatura, unas matemáticas y una astronomía más avanzadas que las de los mayas, la química, la pintura, la escultura, el mestizaje, una estructura social más rica y compleja…


“El Puercoespín”: jornada militar

Octubre 11, 2009

Partida singular e histórica la de ayer, ya que, por primera vez, nuestro grupo de aventureros NO fue el protagonista de la sesión; nuestros personajes dejaron paso a las tropas de la República de Darokin y de Tierras Rotas, teniendo lugar una batalla y un asedio, sin la participación del grupo.

La partida se inició con nuestros héroes regresando a Corunglain a reponer fuerzas, recibir nuevas órdenes y cobrar la recompensa por las cabezas de los líderes de la guerrilla enemiga. 9.000 monedas de oro (1.800 por barba),  que fueron canjeadas por algunos personajes en forma de objetos mágicos o gemas y joyas, por aquello del peso excesivo. El comandante enano Teikell advirtió a nuestros héroes de las novedades en El Puercoespín: el asedio inicial había sido roto por las tropas del Caos, que obligaron a retroceder una legua a las fuerzas de Darokin, aun a costa de grandes pérdidas. ¿Resultado? posibilidad de combate en campo abierto para reiniciar el sitio a la fortaleza. Nuestro grupo llegó al campamento militar el día anterior a la batalla, tras despachar por el camino a una patrulla de kobolds y a un hombre-oso, temible licántropo que apenas dio problemas. Los personajes se presentaron ante el coronel Diomedes – un gnomo fumador y algo macarra, pero magnífico estratega-, que les dio la bienvenida y les contó lo de la inminente batalla, instándolos a no participar en ella, ya que deseaba reservarlos para ulteriores operaciones. Así que descansito, a la cama y…se acabó el papel de nuestro grupo en esta partida.

Se armó el bochinche en Tierras Rotas

Se armó el bochinche en Tierras Rotas

Concretamente, la batalla del Yermo de la Escoria, un inhóspito y desolado lugar de las Tierras Rotas, tuvo lugar al amanecer del día siguiente. Los ejércitos se componían única y exclusivamente de infantería y arqueros, no había magos, clérigos ni caballería; eran un total de 16 cohortes (3 de arqueros), de 25 soldados cada una, por parte de Darokin, y 28 cohortes (6 de arqueros) de tan sólo 7 soldados cada una, por parte de los del Caos (aquí se evidenció el tremendo desgaste de orcos y demás en los días anteriores). Los ejércitos formaron en perfecto orden de batalla – salvo algunas colinas y algún que otro pantano, no había obstáculos naturales-, los legados parlamentaron sin llegar a ningún acuerdo y las huestes avanzaron para chocar finalmente por el flanco derecho. Por cierto, servidor de ustedes controlaba a las tropas de orcos y Dani y Xena, compañeros de juego, a los de Darokin.

Al principio, los orcos, a pesar de su franca inferioridad numérica, se defendieron con denuedo – tuve suerte al tirar los dados, y mis compañeros de partida hicieron unos tiros horribles-, pero sin lograr destruir ni una sola cohorte enemiga; cuando los combates se fueron generalizando en toda la línea del frente, la lógica y el número se impusieron, avanzando los de la República de Darokin de modo lento pero firme, a pesar de mi obstinada resistencia – empezaron a caer mis cohortes como Lacasitos, en el tramo final de la batalla-. A pesar de algunas acciones heroicas aisladas (como la del cabo orco Rogor, que frenó él solo con su arco a toda una cohorte enemiga durante un breve intervalo de tiempo), los soldados darokineses, bien compenetrados con sus arqueros, que descargaban lluvias de flechas muy dañinas, fueron acabando con mis orcos de Tierras Rotas. Mediada la tarde, era aniquilada la XXVI cohorte de Infantería orca, última que seguía la lucha, y el estandarte rojinegro del Caos era capturado por el alférez Teof Cabeza Negra, concluyendo el choque con una rotunda victoria de Darokin, que exterminó a la práctica totalidad de adversarios perdiendo tan sólo el equivalente a dos cohortes.

Asedio que te crió

Asedio que te crió

Diomedes ordenó reanudar el asedio a El Puercoespín, que se volvía a ver rodeado de tropas enemigas, y con unas fuerzas muy mermadas para defenderlo, por la derrota en la batalla precedente. No obstante, el castillo era una poderosa construcción, con foso de agua, de gruesa piedra y fuertes puertas, como las tropas de la República comprobarían dolorosamente después.

La única manera posible de asaltar la fortaleza era derribando las puertas principales, imponentes y bien defendidas por largas filas de saeteras (que daban el nombre de Puercoespín al castillo); ésa fue la táctica seguida por Dani y Xena  -que volvían a hecerse cargo de los de Darokin-, para atacar el enclave, defendido por mí. Allí se lanzaron, en principio, 2 cohortes de infantería con un gran ariete y una cohorte de arqueros de apoyo. El aceite hirviendo, las flechas y las piedras arrojadas hicieron sufrir de lo lindo a los de Darokin, teniendo muchas bajas y fallando en el intento de derribar las puertas. La clave fueron los arqueros, que limpiaron de  orcos y trasgos los muros, disparando a las saeteras con mortífera precisión, aunque no pudieron impedir que el aceite y los pedruscos siguieran martirizando a los soldados que manejaban el ariete – Dani no tuvo su día con los dados-.

Finalmente, casi más por aburrimiento que por eficacia, las puertas cedieron y el grueso de la tropa se lanzó al interior de la fortaleza. Para su sorpresa, El Puercoespín no era el típico castillo de patio de armas amplio, sino una sucesión de recintos cerrados y con saeteras, unos dentro de otros, desde los que se podían infligir muchas bajas al enemigo sin apenas sufrir daños propios. Esto llevó a que los arqueros caóticos se cebaran en los asaltantes (la 5ª cohorte fue prácticamente aniquilada a flechazos), apuro que sólo pudo ser solventado cuando los arqueros darokineses de Akesoli replicaron a las flechas de los defensores, diezmándolos. No obstante, los combates en los espacios interiores del castillo fueron resueltos de modo brillante por los de Diomedes: de las cuatro torres que coronaban el castillo, tres cayeron al primer embate (la torre noreste caería algo más tarde), y en los choques en el adarve de la muralla y en los corredores, los trasgos, kobolds, gnolls y orcos  fueron aplastados por las tropas de la República.

Nuestro ariete era más simple, éste se salía del presupuesto

Nuestro ariete era más simple, éste se salía del presupuesto

Restaba tan sólo abrir la lata, es decir, derribar las otras dos puertas que daban acceso a otros tantos recintos interiores, cosa que se acabó logrando no sin sufrimiento – los defensores arqueros machacaron a filas enteras de las cohortes darokinesas-, y una vez barrida la infantería de Tierras Rotas, los dos oficiales grantrasgos que quedaban vivos dejaron caer sus espadas y se rindieron. Diomedes se había hecho con El Puercoespín, a costa de perder al 40% de sus hombres entre la batalla y el asedio. Siguiendo las órdenes del Senado Republicano, ordenó saquear el enclave y reducirlo a ruinas sin incendiarlo, ya que en lo más profundo del castillo se halla un dungeon que nuestro grupo tiene orden de explorar…y justo ahí  lo dejamos.

Así que partida atípica y, de nuestros personajes, poco hay que decir esta vez. El próximo día, dungeon clásico con sorpresa. ¡Espada y Conjuro!