CAÇANDO AL MARCELINHO
Recuerdo yo, hijos míos, aquellos dungeons en Vilaverde, con picnic previo, vinho y Lucinio el enano por fados, con Avelino a la guitarra. Acudíamos una ocasión a la llamada de Herculano Dias Galvâo Da Balhesta e Lança Matadragôes II- Lano pa los amigos-, gobernante del territorio, que ofrecía una recompensa por un trabajo en un dungeon:
- Bem venidos a o meu país, honorables Senhores…¿han tenido un bom viagem?
- Pues hombre, salvo por la diarrea estival que nos causaron los huevos mal cocidos con mahonesa del Lucinio… -dijo Segis, maestro en el arte de la diplomacia y las buenas formas- ¿qué se le ofrece a Sua Esselência?
- Pois os ofrezco quatro mil pieças de ouro por barbinha, por mandar al outro barrio al general orco Marcelinho Do Caos, mano direita de Sauron e mais malo que um dolor de cabeça…a sua guarida esta en una caverna da montanha, enfrente do río Forcas. Sus orcos están fastidiando muito a los labradores da zona, y hay que acabar con esta situaçâo. ¿Aceptan Vocês el trabalho?
- Sim, Esselência. Ahora mesmo partimos.

Así que adelante. Cruzamos el río Forcas a media tarde, tras una larga caminata sin incidentes, y localizamos la caverna del Marcelinho, aunque antes de penetrar en ella y comenzar la misión propiamente dicha, se nos echó la noche encima y decidimos acampar. Una vez montada la tienda de campaña, de considerables dimensiones, nos echamos todos a la pata la llana, metiéndonos en nuestros sacos de dormir, discutiendo la táctica del día siguiente.
- Ná, Avelino y yo solucionamos esto a espadazo limpio, ya veréis -dije yo-.
- Bueno, bueno…si son muchos, habrá que apoyarse en los conjuros, ¿no? – dijo Evaristo, mirando a Poli y a Satur-.
- Pues yo creo que…¿habéis oído eso? – dijo de pronto Segis, poniéndose en pie de un salto- ¡parecen pasos, justo fuera de la tienda!
Todos nos incorporamos y desenvainamos, y a pesar de no llevar ya sino nuestros pijamas -yo vestía el de rombos con gorrito que me habían tejido mi esposa Lutgarda y mi hija Tecla-, salimos al exterior. Allí, 3 ogros mendigos nos pidieron unas monedas por amor de Ilúvatar, asegurando que luego se marcharían y nos dejarían dormir:
- No les cuento a Vocês cómo nos tiene o tirano del Marcelinho… faze 10 meses que nâo recibimos o sueldo, y vivimos en la miseria mais absoluta…obrigados por la limosna. Ese filho de mala madre se oculta en la caverna de ali…boa sorte y atízenle um espadaço da nossa parte.
- Joder con el cicateiro este del Marcelinho…bueno, a la piltra de nuevo, muchachos, que mañana toca muito trabajo- dije yo, cansado de narices-.
Al alba desayunamos, recogimos el asunto y p´arriba se ha dicho. La gruta estaba extrañamente iluminada, y podíamos ir de 2 en 2, ya que los pasillos eran anchos. Avelino y Lucinio iban delante, con Saturnino cerrando en solitario la fila. De pronto, pisamos sin querer una baldosa chillona Prosegur -se llaman así-, y dimos la alarma:
- ¡Uiiiii! ¡Uiiii! ¡Comboio hostil de 7 guerreiros enemigos en la zona da entrada! ¡Uiii! ¡Uiiii!
Y comenzó la danza: se nos echaron encima como unos 15 orcos y la lucha estalló ferozmente. Los conjuros de sueño de Poli y Evaristo nos allanaron la labor, mientras seguíamos matando monstruos uno tras otro, siendo reemplazados inmediatamente por grupillos que no cesaban de acudir a la estancia donde nos encontrábamos. A pesar de que les estábamos dando pero bien pa´l pelo, su ingente número hizo que tuviéramos que recular poco a poco, aunque eso sí, en orden y sin dejar de pelear. En un momento dado, era tal el cansancio que sentimos ambos bandos, que dejamos de luchar y, a una distancia de unos 20 pasos unos de otros, comenzamos a parlamentar:
- ¿A qué leites habéis venido aquí, cabrôes?
- A matar al general Marcelinho- exclamó Evaristo-.
-¿Quién os envía, si pode saber-se?
- Herculano Matadragôes II.
- Ja me lo figurava. Esse marica me quiere morto porque le robo o ganado y as cosechas de trigo. ¡Pois va listo! Y en quanto a Vocês, debido a sua valentía y coragem en el combate, les doy la oportunidade de salir de este dungeon y no voltar nunca mais. ¿Qué responden?
- Bueno, verá Você, Marcelinho…es que nos dan 4.000 pafias de oro por a sua cabeça…no me dirá que no es tentador.
- Sim, sin duda. Pero podemos dirimir este conflicto de outra maneira, si les pareze bem.
- Explíquese.
- Veo que o senhor guerreiro lleva uma guitarra en su bagagem. ¿Cantan Vocês fados?
- Lu-Lucinio el e-enano, pe-pero tiene fa-faringitis…me-mejor fla-flamenco, pe-pero bu-bueno…-dijo Poli-. A-Avelino to-toca y yo ca-canto. No es que sean m-mi especialidad, pero me-me defiendo. Me lla-llamo Hipólito Clavijo, mago hechicero.
- ¿Cómo va Você a ser cantaor, si es Você tartaja?- replicó irritado Marcelinho-, ¿me toman por imbézil ou qué?
- ¡Que no que no que no!- exclamamos todos al unísono- ¡que cuando canta se le pasa!
- ¡Pois que lo demostre! Si Vocês sâo mejores que yo, les dou 5.000 peças de ouro a cada um e se van com vento fresco, e si sou yo o mejor, um de Vocês deverá quedarse aquí y ser mi esclavo durante un año! ¿Estamos de acordo?
- Por nosotros sí- dijo Avelino, mientras afinaba su trasto-.
-¡Perfeito! ¡Pois a ver! ¡Taburetes, vinho, guitarra e silêncio pra los que nâo cantam! ¡Començo yo! ¡Diniz, a la guitarra de 12 cordas!
Y empezó su fado, con una voz justita justita, de las de cubrir expediente:
- O muito que te quería, morenaaaaa, aplastando cabeças de humanos a riveira do ríoooooo….com Saruman tirándo-te os tejos baixo Barad- Dûrrrrr….
Terminó y fue aplaudido por todos sin mucho entusiasmo. Turno de Poli y Avelino, “O fado da Hidra de Agua”:
- Uma hidra de agua atacouuuuuu, a minha tabernaaaaa, pola noite traidora de lua cheiaaaa….
- ¡Óle el Poli!
- ¡Muito bem!
- ¡Fadista!
Tras 4 minutos de deleite, acabó su actuación y ovación cerrada. Así pues, Marcelinho nos soltó las pelas, pero debido a su mal perder, cuando estábamos ya yéndonos con el arcón hasta arriba de oro, ordenó atacar; pero sus soldados, hasta las narices de su caudillo, que tan mal los pagaba y tan mal se tomaba que Poli le diera mil vueltas con el fado, se revolvieron contra él, dándole de palos. Pa que aprenda. Así que ya sabéis, muchachos: si vais a Vilaverde, Da Presa o Teixeiras de aventura, una buena voz os puede sacar de problemas. Por cierto, Herculano Matadragôes II no nos volvió a ver el pelo…aunque tampoco tuvo que soportar más a Marcelinho. Hasta otra, Fot Aël S.
Escrito por cauron
Escrito por cauron 
