Tienda de campaña (2)

Marzo 2, 2008

La crónica de las chorradas dichas en campaña continúa en La Intentona, como no podía ser menos. Este domingo no ha sido muy prolífico, pero siempre se puede rebañar algo:

Lo primero, solidarizarnos con IU por el ataque informático sufrido, que les ha llevado a suspender temporalmente su página oficial. Vaya barrabasada. Por cierto, que lo de Llamazares dando un mitin con una bufanda palestina va a traer cola…esas cosas dan votos, pero también los quitan (y mucho).

Lo segundo: Rajoy ha dicho que ZP está pidiendo “el voto de los radicales como un poseso, huyendo de la moderación”. Vamos a ver una cosa, señor Rajoy: ¿qué pasa, que todo ciudadano que no vote al PP es un radical que huye de la moderación? ¿Sólo los sensatos votan al PP, y los demás españoles están mal de la cabeza? Pues nada, nada: o te votamos o somos idiotas. Menudo rasero.

Lo tercero: ZP, en unas declaraciones desafortunadas - que han provocado la ira de Durán i Lleida (CiU)-, ha dicho que “a Cataluña no le pega nada la democracia cristiana”. ¿Por qué?, preguntamos desde éste periódico. ¿Acaso los catalanes, llegado el caso, no pueden votar democristiano? ¿No ha gobernado allí CiU durante la tira de años? No creemos que ninguna sociedad sea per se incompatible con ninguna ideología, salvo quizás el anarquismo, la utopía suprema, y como tal un imposible mientras el ser humano siga siendo como es.

Y lo cuarto: según las encuestas, sólo el 18% de los españoles desea que el ganador de los próximos comicios, se alíe para gobernar con formaciones nacionalistas. Quien tenga oídos, que entienda.

Sin otro particular, y a la espera de vuestros siempre absurdos comentarios, se despide con un irrespetuoso saludo, Virus Rabioso.


De timba en el dungeon

Marzo 2, 2008

Hijos míos, mal rollo si vuestra aventura se convierte en una timba…nunca juguéis a las cartas si estáis de dungeon; leed, leed…

Llegó a nuestros oídos que en La Comarca se habían hallado varias vetas nuevas de oro, en minas ya abandonadas hacía tiempo, y que muchos aventureros se metían en ellas para tratar de sacar algo en limpio. Así que p´allá nos fuimos todos, con Segis haciendo de cicerone:

- Mirad, chicos: aquello es Bolsón Cerrado, aquello Alforzaburgo, aquello el Brandivino…me diréis que no es bonita mi tierra, ¿no?

- Muy hermosa, pero…¿dónde comemos, Segis?

- En el puti que regento con mi primo Eutimio. Es ahí.

Tras comer y echar una canita al aire, salimos en dirección a las minas, en Navas del Trasgo. A la entrada del complejo comenzaron las dificultades:

- Maldita sea, hay que entrar agachados – dijo Evaristo-.

- Habla por ti, espárrago triguero – replicó Lucinio-, que ya era hora de entrar en un dungeon para gente como yo.

Así que, salvo Segis y Lucinio, el resto caminábamos en cuclillas, lo que ocasionaba inoportunas y frecuentes ventosidades – las alubias de La Comarca eran contundentes como ellas solas -, golpes en la cabeza, e ir en fila india debido a la estrechez del lugar. Aquello era como Moria pero tamaño teletubbie. Y para colmo, las trampas: cuchillas, dardos, pendientes por las que resbalábamos y trompazo que te crió…en fin, un infierno y además con la impotencia de no poder casi ni maniobrar.

Tras horas de marcha, desembocamos en una amplísima estancia. Con todas las vértebras crujiendo y los músculos agarrotados, nos pusimos en pie cagándonos en todo el panteón en pleno:

- ¡Puto dungeon! Y encima luego habrá que volver por donde hemos venido – exclamé yo, con la misma flexibilidad en mi cuerpo que un espantapájaros-.

- ¡Que te crees tú eso! – retumbó en los muros una potente voz-.

Nos pusimos en guardia como buenamente pudimos, formando un círculo. De repente, un balrog como una catedral nos salió al paso:

- ¡Soy Genserico, el balrog conserje! ¡A ver! ¿Qué coño hacéis aquí?

- Pues buscar tesoros, caballero – dijo Segis-.

- ¡Aquí no hay nada desde hace tiempo! ¡El oro se agotó y los monstruos se fueron!

- ¿Cómo que no hay criaturas aquí? – exclamó Satur-. 

- Como te lo cuento. Fíjate si es verdad, que ni siquiera llevo mi espada o mi látigo reglamentarios; tan sólo mi chuzo y mis llaves.

- Entonces, los rumores de que se habían descubierto nuevas vetas de oro…- razonó en voz alta Avelino-.

- Mentira podrida, chavalotes. Un vulgar bulo de aldeanos. Por cierto, ya que estáis aquí, podemos echar un strip- póker, ¿no? Aquí tengo la baraja. Venga, animaos, que estoy muy solo…además, luego os conduzco a la salida. Y podéis pillar tintorro en ese aljibe de ahí.

Siendo como éramos, no hizo falta que se nos convenciera, la verdad: Lucinio barajó y adelante con los faroles.

Maldita la hora en la que se nos ocurrió aceptar; el cabrón ganaba todas las apuestas:

- ¡Juajuajua! Full de ases y treses. Tus botas, enano. A pisar uvas a partir de ahora…

- ¡Jojojojo! Escalera. Tu espada, Avelino. A luchar con los puños o a escupitajos.

- ¡Jajajaja! ¡Trío de reyes! Tu armadura de cuero, Shadowalker. Oye, me gustan tus gayumbos con florecitas…

- ¡Póker de damas! Tu símbolo sagrado, clérigo; a partir de ahora, a expulsar necrófagos a base de cortes de manga…¡jojojojo!

Era humillante. Nos levantó el malnacido todo el equipo, hasta los yesqueros y las escarpias. En paños menores y con las orejas gachas, nos dimos por vencidos y nos condujo a la salida. Cuando nos disponíamos a salir, en medio de sus carcajadas de tahúr, al meterse el juego de llaves en el bolsillo del calzón, de la manga de su cota de malla se le cayeron 4 comodines y 6 ases. Nos miramos durante una fracción de segundo y saltamos sobre él:

- ¡A por él! ¡Cabrón! ¡Tramposo!

- ¡Te vamos a apretar los huevos hasta que se te salten los ojos, timador de mierda!

- ¡Más hostias que el Netolín, vas a recibir!

Vaya paliza que le dimos, y eso que nos dio con el chuzo unos cuantos palos de los de moratón pa 2 meses. Pero al final lo dejamos medio muerto de la tunda, sangrando y molido, y recuperamos todo nuestro equipo. Salimos del dungeon y nos dirigimos a casa.

- Menudo cabrito – dijo Lucinio-, y pensar que me veía ya regresando al pueblo en tanga…

Así que ya sabéis, chicos: nunca aceptéis timbas en pleno dungeon, si no queréis que os pongan en evidencia. Hasta otra, Fot Aël S.