Renault, levántate y anda

Marzo 25, 2008

En el Diario La Intentona, la sección deportiva suele ser sarcástica y tocapelotas, como no podía ser de otro modo en este periodicucho de vendidos haciendo el egipcio pa´llevárselo muerto.

Al grano: este año toca paciencia y a barajar, en lo referente a la Fórmula 1; nuestro Alonso y el tío Flavio no acaban de dar con un monoplaza capaz de batallar por el título. Por ello, vamos a desgranar todo lo que ocurre en torno a la escudería franchute y las características técnicas del R28:

PINTAN BASTOS, MACHOTE

Pues sí, queridos e incultos lectores, esta temporada no nos vamos a llevar una castaña a la boca. El coche de Alonso, Renault R28, no anda como debiera. Intentar luchar por el podio con este carro, es (como diría mi agüelo Acisclo, q.e.p.d.), “como tratar de sacar leche de una alcuza”. Veamos los porqués:

Coche de Hamilton

Coche de Raikkonen el harkonnen

 Coche de Alonso  con su bidón de gasofa

Viendo las fotos queda claro lo que pasa, ¿verdad? Lo peor es que Nelsinho Piquet, hijo de un mito de la Fórmula 1 (mi piloto favorito en mi infancia, lo confieso), como acaba de subir a la categoría y, por tanto, está impresionable con cualquier cosa, se nos echa a llorar cada vez que se sube al monoplaza para las rondas de clasificación. Alonso, mientras tanto, se dedica a hacer lo que buenamente puede, que no es poco:

¡Vaya año! 

Mientras tanto, Briatore trata de apaciguar los ánimos y de mejorar las cosas… a su manera, claro. Y es que el que no se consuela es porque no quiere…

¡Viejo zorro!

Total, que las cosas no marchan bien (nunca mejor dicho). Esperemos que Alonso haga algo bueno esta temporada, aunque no sé, no sé…por cierto, los dueños de la escudería han decidido echar mano de un modelo alternativo (fabricado en la casa, por supuesto), por si el R28 fracasa en las 3 próximas carreras; destaca su aerodinamicidad, su velocidad punta y su fortaleza (no se rompe ni a la de 3):

¡Tiembla Ferrari!

Así que ya sabéis lo que hay. Sin otro particular, y quedando a la espera de vuestros siempre absurdos comentarios, se despide con un irrespetuoso saludo, Eustaquio Entrocontodo.