Durante todos estos días, los medios de comunicación no dejan de abordar el tema de la antorcha olímpica, que si se va a seguir corriendo con ella alrededor del globo, que si no…y todo ello, a raíz de la feroz represión china en el Tíbet, debido a revueltas y disturbios de parte de su población. Esto ha ensombrecido la campaña del gobierno de Pekín por dar una buena imagen de puertas para afuera. Pero en La Intentona queríamos plantear el tema desde el principio, no desde el momento en que comenzaron los disturbios en Lhasa.

“Los JJ.OO. del año 2008 se celebrarán en Pekín, capital de la República Popular China” . Así lo decidió el Comité Olímpico internacional, tras votar democráticamente el asunto y contar con el beneplácito de las principales potencias. Y ahí es adonde este diario quiere ir: todos, y decimos TODOS, desde ese preciso instante, sabíamos que se le estaba otorgando la organización y sede de los Juegos, a un país regido por un sistema dictatorial, con todo lo que eso implica y conlleva. Por ello, ¿ ahora es cuando montamos manifestaciones de protesta – más que legítimas, por supuesto-, contra Pekín 2008, o pedimos un boicot a los JJ.OO.? ¿No debiera haberse hecho eso desde un principio, sabiendo que los Juegos se iban a celebrar en una nación no democrática, y sin esperar a que hubiera muertos y represaliados de por medio? Y por cierto: un hipotético boicot que no va a surgir ni funcionar, porque los gobiernos de los países más influyentes ya han anunciado que irán a los Juegos a pesar de todo; de hecho, incluso los benditos EE.UU. han sacado de su lista negra a China, lista en donde ponían a los países que violan sistemáticamente los Derechos Humanos. Más hipocresía, imposible, y eso a costa también de Taiwan, su aliado tradicional y acérrimo en la zona. Pero, como decía Quevedo, “poderoso caballero es Don Dinero…”

Ahora bien: por descontado que estamos tan en contra -como cualquier persona normal y demócrata -, de la represión en el Tíbet. Tan sólo queremos resaltar el juego de intereses cruzados y creados, que ha llevado a protestar contra el gobierno chino, tan sólo a partir del derramamiento de sangre humana – por una causa justa y legítima como es la liberación del Tíbet-, y no antes, aun sabiendo que es un país regido por una dictadura, que ostenta el triste liderazgo en sentencias de muerte y ulteriores ejecuciones, y que no deja expresarse con libertad a sus más de 1.300 millones de ciudadanos (aprox. el 20% de la Humanidad). De una nación con esas características, ¿qué diablos esperábamos? ¿Que se comportaran del mismo modo que nuestras fuerzas del orden, y teniendo los detenidos en Lhasa y otros lugares, derecho a un abogado y a un juicio justo? Ni de cachondeo. A saber a cuántos pobres desgraciados habrán fusilado, por el simple hecho de pedir mayores libertades y una rebaja en los precios de los artículos de primera necesidad – al parecer, aquí está el origen de las protestas, que luego se extendieron a otros asuntos-.

Y repetimos: China es un pastel demasiado goloso, económicamente hablando, como para que los grandes intereses financieros y políticos de este planeta reparen en unas cuantas muertes de gente anónima. Es así de triste, pero así es. No habrá boicot, ni siquiera tirón de orejas en la sede de la ONU (ese florero internacional). Por muchas manifestaciones que haya en diferentes países, muchas pancartas en el Golden Gate, muchas cargas en Londres o París, o muchos disturbios e incidencias al paso de la antorcha olímpica. Y sólo nos acordamos de Santa Bárbara cuando truena, es decir: sólo nos acordamos de protestar contra las dictaduras – sean del corte que sean-, cuando ha habido muertos. Nunca antes. Y eso también es muy triste, y está en nuestra mano. Luego nosotros mismos – la gente corriente del mundo-, tampoco somos inocentes del todo. Fotos www.diario.com.mx, Amnistía Internacional y Diario El Mundo
Escrito por cauron 
