Sobre el manifiesto en defensa del castellano

Julio 2, 2008

El diario La Intentona se pronuncia en un tema de interés social: hace unos días salió a la luz un Manifiesto en defensa de la Lengua Común (el español), firmado por varias figuras intelectuales y políticas, en la página digital del diario El Mundo (www.elmundo.es); acerca de este documento, de indudable interés, debo manifestar mis acordes y desacuerdos en torno a su contenido y a lo que se puede desprender entre líneas de él.

El hecho de que, en algunas comunidades autónomas, el castellano, consagrado en el artículo 3 de la Constitución como lengua común de todos los españoles y para todo el territorio, tenga que convivir con otras lenguas – cooficiales en esas tierras, naturalmente-, hace que se produzcan a veces o a menudo – dependiendo de la actitud de los gobiernos de cada sitio- roces, fricciones y diglosias varias que desembocan en injusticias que sufre la ciudadanía.

mapa de las lenguas de España

 El manifiesto, acertadamente, denuncia las innumerables cortapisas que sufren los ciudadanos y en especial los padres que desean dar a sus hijos una educación en castellano, sin menoscabo de que aprendan la lengua autonómica respectiva. Estos padres se encuentran, a veces, con una nula respuesta administrativa a su demanda, con resultado de inmersión forzosa para sus hijos en la lengua autonómica, e incluso a veces con el implícito desdén de las autoridades educativas, casi siempre políticamente de tendencias separatistas. Ante este flagrante racismo docente e incumplimiento de las leyes, que garantizan el derecho a la educación en español si así lo solicitan los padres, ha nacido este documento, y hasta este punto sí nos parece aceptable e incluso oportuna su presentación. Pero sólo hasta este punto.

Miremos las cosas con el rigor de los datos y las cifras: el castellano lo hablan entre 380 y 430 millones de personas en el mundo (las cifras varían según la página web consultada), mientras que el catalán lo hablan entre 6 y 9 millones (dependiendo las cifras de la página web consultada), el gallego entre 2.800.000 y 3,5 millones (idem anterior), y el euskera entre 600.000 y 800.000 (idem anterior). Debido a esto, me resulta algo ridículo que, en el manifiesto, se presente al español de un modo algo victimista, teniendo en cuenta los números aquí expuestos: ¿qué ha de temer una lengua con semejante pujanza de 3 lenguas – dignas y hermosas, por supuesto- que, todas juntas, no suman ni el 5% de los castellanohablantes? Y a eso añado el porcentaje de bilingüismo: en Galicia más del 90% en todas las fuentes consultadas, lo que implica que prácticamente toda la población domina ambas lenguas, en Cataluña, Baleares y Valencia idem anterior – incluso con zonas casi únicamente castellanohablantes-, y en el País Vasco y parte de Navarra tan sólo un 30% de hablantes de euskera, mientras que el castellano lo habla más del 95% de la población. Señores firmantes del manifiesto, a la luz de estos datos, no me pueden decir ustedes en serio que el español corre peligro en estas comunidades autónomas.

El peor efecto de este manifiesto, empero, ha sido su tufillo político, presente prácticamente desde el principio: al margen de los firmantes particulares y personas adheridas (incluyendo algunas personalidades insignes en su trabajo y especialidad, no lo pongo en duda), los organismos y organizaciones que se han sumado a este manifiesto son inequívocamente derechistas: el Partido Popular, los diarios ABC, El Mundo y La Razón, Telemadrid y Telecinco. Sintomático, ¿no? Y la RAE, como institución, NO se ha adherido. Sintomático también.

Garc�a de la Concha, mandamás de la RAE, que NO se ha adherido

Y luego, y esto es algo que no se puede decir en alto pero quisiera recogerlo aquí, están los miles de ciudadanos que detestan directamente las lenguas autonómicas. Como madrileño que ha vivido toda la vida en esta ciudad, este detalle no se me escapa: ¿cuánta gente he conocido – o conocemos-, que cada vez que sale alguien en la TV hablando en catalán, gallego o euskera (con los pertinentes subtítulos en castellano), cambia de canal, acompañando la acción con algún grave insulto hacia ese alguien? Mucha, por desgracia. Y no me cabe duda de que bastante de esta gente se ha adherido al manifiesto, pero no para denunciar la injusticia de los padres discriminados en las escuelas de Galicia, País Vasco o Cataluña, sino porque la mera existencia de otras lenguas y culturas diferentes de la castellana en este país, les jode como si les hubieran mentado a la madre. Y eso es más grave que ninguna otra cosa, porque se ataca a varios millones de personas simple y llanamente por lo que son y hablan. Sin más.

Otra cosa: también está el bulo victimista de que el español avanza en todos sitios menos en España. No quisiera extenderme en este punto – el artículo sería demasiado extenso y farragoso, me temo-, pero por la información de que dispongo (si no meto la pata), creo que en lugares como Paraguay (donde lo habla tan sólo el 55% de la población, pese a ser lengua oficial) o Guinea Ecuatorial (oficialización del francés), el español corre un peligro potencial de retroceso bastante mayor que en el caso de España. Aunque repito que, en este punto, puedo estar equivocándome.

Por ello, apruebo el manifiesto en la medida de servir como aviso para ayudar a reparar los abusos y discriminaciones contra las personas que desean ser tratadas en castellano, en ciertos lugares de España, o que desean dar a sus hijos una educación en nuestra lengua común (con todo el derecho y toda la razón del mundo), pero, al mismo tiempo, nunca lo firmaré, ya que está politizado por la derecha y recela implícitamente de las lenguas autonómicas, como si fuesen un estorbo o una carga, y no una señal de la riqueza y pluralidad de nuestro país.