Hijos míos, hay veces en las que tienes que entendértelas hasta con los enemigos más poderosos, sobre todo si ofrecen un zurrón de parné por tus servicios…aunque luego son unos soberbios ingratos. Leed, leed…

Estábamos ahogando penas a base de clarete de Gondor en El Trasgo Sarasa, nuestra taberna predilecta, cuando de repente entró un bugbear jovencito pero grande como un piano y con cara de mala leche, aunque eso sí, con su coraza de los domingos; Avelino, Evaristo y yo echamos mano de espadas y dagas, mientras Lucinio salía al paso del bicharraco:
- ¿Qué se te ofrece, aguilucho?
- Una videoconferencia por bola de cristal con la Torre Oscura, nobles señores - dijo el joven en tono educado, dejando un palantir sobre la mesa-.
- Jó dó…¡Poli! ¡Enchúfanos el trasto con un conjuro de luz! ¡Cipriano, a ver ese tintorro de Rivendel y esos panchitos de escama de dragón, que son pa hoy!
Conectado ya el rollo, vemos el Ojo de Sauron que comienza a hablar:
- Este mensaje es para Hipólito, hijo secreto de Saruman; Fotito Shadowalker, Lucinio, Avelino el tocaor y demás morralla de vía estrecha…
- A ver si voy a tener que empezar a cagarme en algo que no quieres…- replicó Lucinio, gallo de pelea como siempre-.
- Calla coño. Abrid las asas que sólo os lo diré una vez. Vosotros sabéis que yo me paso el día observando el orbe desde lo alto de Barad- Dûr, ¿verdad? Pues fijaos que el otro día me levanto de la siesta y ¡zas! mi lentilla gigante no está. Me la han levantao, y no veo 3 en un burro. No puedo vigilar el mundo y me temo que, si Elrond o el Senescal de Gondor se enteran, me ataquen por sorpresa y me hundan el garito. ¿Comprendéis?

Todos nos miramos entre nosotros con cara de estupefacción. Satur intervino:
- Pero, Excelencia, tenéis miles de orcos y monstruos a vuestro servicio, no os podrían sorprender en combate…
- Deja, Saturnino el clérigo, deja, que estos vagos sin mí no son nada. Piensa que la mitad son veteranos que están de vuelta de todo, y la otra mitad funcionarios de carrera…nuestra fuerza es sólo aparente, estos no ganarían una batalla ni a un puesto de aduana, si yo no los dirigiera. Pues bien: os ofrezco diez mil pafias de oro por barba, por recuperarme la lentilla. ¿Qué decís?
- Que sean quince mil – tercié yo-.
- No me toques los cimientos de la Torre, Shadowalker, no me toques los cimientos de la Torre…doce mil y vais que os matáis. ¿Hace?
- Vale, Señor Sauron - dijo Segis-. ¿Alguna idea de quién ha podido ser el autor? ¿Algún lugar o pista útil?
- Mmmm…sospecho de Ella-Laraña; me tiene tirria desde que los Reyes Magos no le trajeron nada en mi Torre, me acusó de agarrao y de cosas peores. Supongo que me la habrá jugado con la lentilla.
- Perdone usted – dijo Avelino-, pero, si tiene tan claro que ha sido esa tarántula gigante, ¿por qué no manda a sus soldados a recuperar el adminículo, o incluso va usted mismo?
- ¡Métete tú en la caverna de Ella-Laraña si tienes huevos, no te digo! ¡Por eso quería encargárselo a unos arrastraos como vosotros! ¡Si os matan, el mundo no os echará de menos, leche! ¡Pero a mí sí! ¿O qué queréis? ¿Que los fifis esos de Gondor, Aragorn y los elfos me destruyan y reine la paz, la prosperidad y la magia blanca?
También era verdad, le tuvimos que dar la razón en esto. ¿Un mundo regido por Aragorn y Arwen? ¿Donde lo más emocionante fuera el Festival de la Canción de la Tierra Media y las partidas de billar de Théoden de Rohan y Legolas el elfo? Ni de coña. No podíamos dejar que Sauron y su reino pereciesen a manos de los pijoteros esos de Minas Tirith. Así que aceptamos el encargo y carretera y manta a las grutas de Cirith Ungol.

Aterrorizados en ese laberinto de maraña y porquería, avanzábamos con mucho cuidado y sin hacer ruido, y pronto divisamos a Ella-Laraña echando una cabezadita y, a su lado, la lentilla gigante. Mientras Lucinio y Avelino se plantaban, en completo silencio, delante de la tarántula por si despertaba de improviso, los demás cogíamos como buenamente podíamos la lentilla. Era como coger una paellera de éstas gigantes de fiesta de pueblo. Sigilosamente, logramos llevarla hasta la boca de la caverna, pero he aquí que Lucinio no pudo evitar un cuesco – las dichosas judías pintas de bote de aventurero-, y la araña despertó del ruido retumbando en las paredes de la cueva.
Así que a la carrera, mientras la cosa esa se abalanzaba sobre nuestro enano, que se defendía con denuedo. Al final, un pisotón en una de las patas le dio suficiente ventaja como para huir. Los demás, al sprint, mientras la araña nos llamaba de todo. Cuando ya estábamos casi a salvo, nos topamos con un terraplén, y no pudimos frenar a tiempo: la lentilla se nos cayó y se hizo añicos cuesta abajo.
- La hemos cagao – resumió Evaristo-. Justo ahora, cuando la araña nos ha dejado de perseguir.
- Bueno, bueno – terció Segis, siempre optimista-: ¡Fotito, pásame la cinta de embalar y el celo! ¡Se lo vamos a dejar niquelao al Sauron!
Niquelao, sí señor, ésa era la palabra: toma ya cinta marrón en medio de la lentilla, y el celo que se distinguía a simple vista. Un cuadro. Así que llegamos, al cabo de unos días, a Mordor, donde unos orcos nos escoltaron hasta la Torre Oscura. La reacción del Señor Oscuro no fue precisamente favorable:
- ¿Pero qué habéis hecho, desgraciaos? ¡Si me la habéis descogonciao! ¡Esto ya no vale! ¿Y qué hago yo ahora? ¿Encargo otra a mis ópticos de Rhûn, aflojando un milloncejo de piezas de oro? ¡Os habéis lucido! ¡A mí la guardia!
Nos rodearon cientos de orcos, no pudimos hacer nada; intenté explicar que por lo menos parte del trabajo estaba hecho, ya que le habíamos devuelto la lentilla, y que debíamos cobrar por lo menos una parte. Pero Sauron no atendió a razones:
- ¡No cuela, Shadowalker! ¡Escoltadlos hasta las cocinas de la Torre! ¡A pelar patatas, limpiar fogones y fregar el suelo! ¡3 meses! ¡Al elfo y al clérigo les ponéis una mordaza para que no puedan pronunciar conjuros! ¡Al mago no hace falta, es tartaja! ¡Y me cacheáis a los demás!
Así que 3 meses en Barad- Dûr de mandil, quitamanchas, lejía y con las manos dormidas de pelar papas. ¡Ingratitud, tu nombre es Sauron! Hasta otra, Fot Aël S.
Escrito por cauron
Aqui teneis a un patriota. Pero es un patriota de esos de boquilla, de los de hojata. En realidad es un pobre hombre. ¿Te molesta, servidor publico con asiento en el Congreso bien pagado por todos los españolitos, ir al desfile de las Fuerzas Armadas el dia de la Fiesta Nacional de tu pais?. No se cual sera “ese plan tan cojonudo que te estas perdiendo”, pero seguro que no pasara nada porque te lo pierdas una puta vez al año. El año pasado, por fines electoralistas, te parecia la cosa mas importante del mundo, e incluso llegaste a pedir que los españoles engalanaramos los balcones “porque España se rompia”. En otro pais te hubieran obligado a entregar tu acta de diputado. En este pais de pandereta para muchas cosas, encima te pones chulo, como fue tu comunicado de ayer, patetico. Ni una disculpa, ¡que verguenza!.
Escrito por senseidani
Desde muy pronto le cogió el gusto a pilotar y reparar naves, demostrando sus grandes habilidades. Después de unos inicios turbulentos, teniendo que pagar una deuda al Príncipe Xizor, – líder del Sol Negro, la mayor organización criminal de la galaxia-, BoShek se inclinó por el contrabando – entrando al servicio de la orden monástica Dim-U de Tatooine, más negociantes que religiosos-, y las carreras de naves, adquiriendo la Infinity y batiendo el récord de Han Solo en la carrera Kessel. Cuando volvía victorioso de esa carrera, se topó con destructores imperiales, que enviaron a varios cazas TIE para matarlo. BoShek hizo gala de su gran pericia y destruyó a 4 de esos cazas antes de huir a Mos Eisley. El Imperio puso precio a su cabeza, pero él permaneció disfrazado de fraile en el monasterio de la orden Dim-U, para la que trabajaba, hasta que las aguas se calmaron. Durante su ocultamiento, oyó a unos monjes hablar de la Fuerza, y resolvió tratar de alcanzar esos poderes de forma autodidacta, aprendiendo a disciplinar su mente y a meditar; sus progresos no llegaron lejos. Un día, en una cantina de la localidad, se entrevistó con un viejo de aspecto Jedi y un joven granjero de la zona (Obi Wan y Luke Skywalker), que deseaban huir del planeta. Rehusó el encargo, que fue a parar a Han Solo, armándose un tumulto cuando éste mató a Greedo y la zona se llenó de soldados imperiales. Para no ser capturado, BoShek se tapó la cabeza con una capucha y se fue a la plaza donde los profetas y predicadores hablaban en público, comenzando a predicar lo primero que se le vino a la cabeza, logrando así escapar. Tras varias peripecias de persecuciones, fugas y disimulos, BoShek decidió dejar atrás su vida de crimen y tratar de aprender los caminos de la Fuerza.
Escrito por cauron 
Enumerándolas, estas técnicas son: abrir cerraduras, encontrar y quitar trampas, robar de los bolsillos, moverse en silencio, trepar paredes, esconderse en las sombras y escuchar ruidos. Toda una paleta de acciones muy útiles para allanar el camino en los dungeons, la principal misión del ladrón en el juego. El dado usado para ver si se ha tenido éxito o no en la acción es el de diez caras, tirado 2 veces para establecer un porcentaje (primera tirada decena, segunda tirada unidad, siendo el 00 cien, el fracaso absoluto). Salvo en trepar paredes, donde se comienza con un porcentaje cómodo, el resto de técnicas de Artificio arranca sólo con un 10 ó 15% de probabilidades de éxito. Por tanto, el ladrón es un personaje al que le cuesta avanzar de nivel en los primeros momentos (D&D Básico), pero luego, cuando las tiradas de Artificio mejoran, su progresión es rápida, ya que es el tipo de personaje que menos PX (Puntos de Experiencia) necesita para pasar a un nivel superior, y añadiendo a todo esto que puede combatir, aunque eso sí, con notables restricciones (no puede usar armaduras metálicas, armas de dos manos o escudo). Su método de combate suele ser con armas de proyectil (arco o ballesta), lo que le convierte en un eficaz auxiliar.
