Los elfos en las partidas de D&D

Sin lugar a dudas, el personaje más completo de todos los que pueden integrar un grupo de aventureros en una partidita de rol de D&D. Los elfos son semihumanos con facciones delicadas, orejas puntiagudas y generalmente son legales, es decir, de los buenos, aunque hay elfos negros maléficos (temibles como oponentes). Extraídos de la mitología germánica y de los libros de Tolkien, gozan de las simpatías de casi todos los jugadores.

Fundamentales en cualquier lugar y casi cualquier situación, los elfos pueden usar todo tipo de armadura y escudo (como los guerreros), pueden invocar conjuros ofensivos (como los magos), y poseen además una serie de cualidades innatas, que redondean el personaje de modo que resulta muy rico en recursos: infravisión en la oscuridad de 18 m., saber hablar elfo, gnoll, grantrasgo y orco, detección de  puertas secretas y ocultas… por si todo esto fuera poco, también goza de inmunidad a la parálisis de los necrófagos.

Por lo demás, sus dados de golpe (1d6), lo hacen menos poderoso que el guerrero, por ejemplo, pero más resistente que el ladrón o el mago. Es el personaje que más puntos de experiencia (PX), necesita para pasar al siguiente nivel, pero esto no quita que sea un personaje esencial, que a buen seguro sacará las castañas del fuego al grupo en más de una ocasión, ya sea con la magia o con su arrojo en la lucha. Su característica principal es doble (fuerza e inteligencia), respondiendo a su dualidad guerrero- mago; a la hora de jugar y desarrollar el personaje, el elfo es complicado y difícil de llevar por el gran elenco de capacidades que tiene a su disposición, y por su gran poder e influencia, por el que debe ser uno de los miembros del grupo, que tome partido en las decisiones y esté siempre en primera línea. Su versatilidad lo hace muy atractivo para manejar y, sin género de dudas, es piedra angular de cualquier expedición a los dungeons; por experiencia de juego puedo decir que, siempre que el elfo ha fallecido, el resto del grupo – por muy bien que esté-, se ve forzado a pasar a la defensiva y, en no pocas ocasiones, a retirarse o huir sin conseguir sus objetivos.