El Gran Yuyu (y II)

El dungeon de Adelaida, la criatura contra la que nos teníamos que enfrentar, era de hielo excavado, una caverna como los canales de un glaciar. Al cabo de un rato, escuchamos unos lamentos inequívocamente humanos, de alguien pidiendo ayuda. Con las espadas preparadas, nos dirigimos adonde sonaban los gritos, y nos encontramos a un fulano colgando del techo como una morcilla de Rivendel al fresco. Estaba herido y maltrecho, llevaba unas extrañas ropas blancas y marrones, almohadilladas como una armadura de cuero, y luchaba por alcanzar un tubo de hojalata que estaba en el suelo, clavado en la escarcha.
- Oye, te vamos a soltar, ¿vale? – dijo Segis-; a ver, Evaristo y Lino, echadme una mano que no llego.

Cierto personaje...

Cierto personaje...

- Gracias, nobles señores – dijo el hombre una vez liberado-, menos mal que no habéis topado con el wampa que me tiene aquí aprisionado.
- ¿Un lo que? – dije yo-.
- Un wampa, una bestia del hielo. Permitid que me presente, me llamo Luke Skywalker; dando un paseo con mi Taun-Taun he sido sorprendido por el wampa y…
- ¿Qué cojones es eso de un Tomtom? – exclamó Lucinio-.
- Taun-Taun, mi barbudo y menudo amigo. Como una jirafa con cuernos de croissant, bípeda y preparada para el hielo.
- Ni pajolera macho. Pero bueno, tú mismo…¡A ver, Satur! ¡Un conjuro de curación para el chaval, que tiene el careto como un pan!
Sorprendido por la curación, elogió a nuestro clérigo y recogió el tubito del suelo; súbitamente – supongo que por un conjuro poderoso-, se convirtió en una espada de fuego helado, de tono azul brillante. Retrocedimos impresionados, mientras Luke sonreía:
- Una espada de luz, amigos míos.
De repente, oímos un rugido descomunal y supusimos que Adelaida, el legendario monstruo del Reino del Gran Yuyu, se disponía a atacarnos. Poniéndonos todos en guardia, el impresionante yeti se abalanzó sobre nosotros, y no pudimos evitar que acorralara a Lucinio, tras apartarnos a los demás con un par de zarpazos que nos obligaron a recular. Pero el caso es que, súbitamente, la pelea se paró, y es que la bestia y Luci se quedaron petrificados, mirándose mutuamente…esos ojos ladrones de la Montaña del Hierro…esa barba de hippie anarcosindicalista…esas patas que no sabían lo que era la depilación…y saltó la chispa: Adelaida cogió a nuestro enano, que no se resistió, y se lo llevó a rastras hacia lo más profundo de la gruta. Todos los demás, incluido Skywalker, nos lanzamos a debatir el asunto: 

- ¿Pues no se nos ha enamorao éste de esa cosa? – decía indignado Segis-.

- Se parece a Chewbacca, un colega mío de aventuras…-intervino Luke-.

- Como si se parece a tu santa madre – cortó Evaristo, el más sensato-, ¿por qué no nos dejamos de chorradas, matamos al bicho ése y hacemos entrar en razón a Lucinio?

- Oye, ¿qué derecho tenemos de interferir en una pareja? – dijo Satur, el más escrupuloso; al ver la cara que poníamos todos, rectificó:

- Vale, vale, joder…

Así que lámpara al canto y más adentro de la cueva aún. Pero nada. Desalentados, volvimos al cabo de unas horas al poblado de Ervigio el del sortilegio, ya que no podíamos quedarnos a pernoctar en la caverna: moriríamos de congelación. De camino al pueblo, Luke se encontró con un amigo, Han, que estaba solo, y se despidió de nosotros, no sin antes regalarme su espada de fuego retráctil como agradecimiento por nuestro rescate.

Cuando contamos lo ocurrido, Ervigio y su gente se descojonaron de nosotros, pero nos dieron alojamiento, que era de lo que se trataba. Cuando, al día siguiente, empacamos para volver definitivamente a nuestra tierra sin nuestro querido enano, Lucinio apareció de repente caminando por la banquisa.

- ¿Pero qué te ha pasao, Luci? ¿Qué ha ocurrido? – dije yo, saliendo a su encuentro-.

- Incompatibilidad de caracteres, amigo mío – replicó entristecido-.

- ¿Pero cómo, cómo? - intervino Satur-.

- ¡Quería que me quedara en casa barriendo y haciendo la comida mientras ella cazaba en el exterior! ¡A mí, aventurero diplomado, hacerme eso! ¡Y además es del Real Obela, mi equipo de fútbol más odiado! ¡Y ronca por la noche que parece eso un terremoto! ¡Y no quiere hacer separación de bienes!

Así que ya veis, hijos míos: los romances en el hielo no son buenos, no son buenos…hasta otra, Fot Aël S.