Bueno, pues nueva partidita ayer, que ya tocaba, y el escenario fue Corunglain, en la República de Darokin, adonde se dirigieron nuestros personajes. Grupo seminuevo: seguían Glóin el enano, Darrok el clérigo y Morwail el guerrero, y se incorporaban Aglarond Shadowalker el ladrón y Arwen la elfa (dirigida por Xena, que por fin crea su propio personaje).
¿El motivo del viaje? La ciudad ha sido atacada por hordas de monstruos desde el Norte, desde Tierras Rotas, una inhóspita tierra volcánica en la que habita el Mal. Rechazado el ataque, el gobierno de la República ha enviado una fuerza de 400 hombres, al mando del coronel Diomedes Elfidas, a sitiar el Puercoespín, imponente castillo que habrá que expugnar en el futuro. Los mentores del ataque, Ornâroth y Grûmfeld, prometen ponerlo difícil.

Hobgoblin, oponente habitual ayer
Concentrándonos en el tema: nuestro grupo, siguiendo indicaciones, se presentó en la ciudad, tras matar a un par de ogros que merodeaban en las afueras, quién sabe si espiando. En la comisaría de la Guardia Urbana, hablaron con el comandante enano Teikell, que les explicó todo lo ocurrido y las recompensas ofertadas. Entregó en la mano una misiva de Elfidas, conteniendo instrucciones precisas: antes de partir hacia el asedio del castillo, dentro ya de las Tierras Rotas, nuestros héroes deben destruir a una partida de bandidos al servicio de Grûmfeld, que interrumpen los suministros a la tropa de Elfidas cortando las comunicaciones y asaltando las caravanas con refuerzos. Su guarida es un dungeon excavado en la roca, en la frontera, y los caudillos son los generales traidores Thorsten y Bluodan, comprados por Grûmfeld.
De camino hacia allá, una hidra de 8 cabezas atacó al grupo (menuda bromita), y con su vuelo rasante causó gran daño a nuestro clérigo Darrok (20 pg.), amén de algunos golpes más. Dura oponente (aparte de que Aglarond, por cuestiones religiosas, no puede atacar a ninguna hidra, con lo que había un combatiente menos), dejó al grupo tocado antes de empezar la aventura propiamente dicha.

Un dungeon-laberinto como primer reto
Ya en el dungeon, las cosas se desenvolvieron de un modo irregular e incierto: el grupo no acabó de estar fino, además de no contar los 2 novatos con armas mágicas. En un típico escenario de habitación-por-habitación, nuestros personajes se enfrentaron a orcos, hobgoblins, algún minotauro y a un par de estirges (pájaros tipo vampiros). Los conjuros de una bisoña Arwen fueron a veces oportunos (sueño), y a veces una pifia (fracaso de ataque con invisibilidad ante bugbears, riéndonos los jugadores y el DM con ganas). Cuando las cosas se resolvían cuerpo a cuerpo, el grupo sufría, debido sobre todo al infortunio de Darrok, al poco acierto de Morwail y a los pocos PGs de Aglarond - siempre atacó con su ballesta, nunca con la espada- y Arwen - que usaba sus conjuros y el arco por igual-. En lo profundo del dungeon, que es un poco laberíntico, y sin hallar ni a Bluodan ni a Thorsten, lo dejamos.
El tesoro no sonrió, por lo general culpa de los dados; algunos sacos con monedas de oro y poco más. Los miembros del grupo, irregulares: salvo Glóin el enano, siempre eficaz y poderoso, el resto estuvieron flojos, y los PGs se resintieron de ello. Mucho daño para tan poco tiempo de partida, y de momento sin alcanzar nada de relieve, ni en lo tocante a dinero u objetos mágicos, ni en lo tocante a la misión encomendada. Continuará…