Hijos míos, lo de la crisis económica no es algo nuevo, es algo que ha ocurrido de cuando en cuando, en todas las épocas…y a veces el estar unidos puede hasta cambiar el curso de una guerra…leed, leed…
Nunca os he contado que yo estuve en la Guerra contra Sauron. Sí, sí, la que relató Tolkien en El Señor de los Anillos. Tenía 16 años recién cumplidos. Cuando Gondor, con la ayuda in extremis de los muertos del Sagrario, logró romper el asedio a Minas Tirith y derrotar a los de Mordor, Aragorn, el rumboso rey en ciernes sucesor del senescal Denethor (que terminó sus días churrasco, por lo que nos dijeron), nos ofreció a Avelino, Lucinio y a servidor de Vds. una generosa amnistía (nos habían encarcelado 2 meses antes, al haber estado envueltos en una algarada de taberna en la que matamos a dos borrachos), a cambio de luchar con las tropas de Gondor, que habían quedado hechas polvo en efectivos tras el sitio de la capital. Como estábamos hartos de contarnos los chinches y de pasar más hambre que el perro de un ciego, aceptamos.

Minas Tirith, capital de Gondor
Al grano: Aragorn y Gandalf, los mandamases, dispusieron que había que plantar cara al enemigo, a pesar de su gran superioridad numérica y material, y del descontento de nuestra tropa, que llevaba 5 meses de suspensión de pagos (había una crisis económica que te cagas, a causa del conflicto), pero aun así seguía luchando. A los pocos días, unos 5.000 hombres nos pusimos en marcha en dirección a la Puerta Negra de Mordor, en el extremo noroccidental de ese país, para combatir o forzar una salida negociada. A la semana o cosa así, llegamos ante aquella impresionante mole de piedra y acero, y nos dimos cuenta de que había que dialogar, pues una acción militar contra esa fortaleza era una locura; y eso por no hablar de que a Sam Gamyi y a Frodo Bolsón, que eran los encargados de destruir el Anillo Único en el Monte del Destino, los habían echado del ejército al acabar su contrato y no renovarlos por la crisis, con lo que el Anillo se quedó en Minas Tirith muerto de risa, sin nadie que lo llevara a Mordor para destruirlo. Tela marinera el panorama.
Los generales de nuestra fuerza se adelantaron:
- ¡Que salga el señor de la Puerta Negra! Se le hará justicia. ¡Ha declarado una guerra ilegal y cruel, y ha subido injustificadamente el precio del pan, el tomate y las patatas! – gritó Aragorn, y seguidamente sonó una fanfarria-.

Mapa de Mordor
Amenazador fue el silencio con que su petición fue contestada; pero al rato se empezaron a abrir las enormes puertas, lenta y ceremoniosamente, dejando entrever un inmenso ejército de orcos que se disponían a cargar contra nosotros; así que lo de la negociación y el diálogo a tomar por saco. Acojonados, el futuro rey Elessar y compañía recularon hasta nuestras líneas, y Luci, Lino y yo nos miramos en silencio, diciéndonos, encantados de habernos conocido, porque de ésta no nos salva ni el pan ni la caridad.
- Nos van a dar más hostias que al Netolín – dijo Meriadoc Brandigamo, un camarada hobbit.
- No van a tener ni para empezar – susurró Gandalf, algo más comedido-.
Pero, cuando las puertas ya estaban abiertas de par en par, y esperábamos la brutal embestida de los de Sauron, observamos con asombro generalizado que los orcos salían andando con calma, con cara de cabreo y completamente desarmados. Caminaban hacia nosotros sin ninguna intención de batalla, así que les preguntamos qué leches pasaba.
- Expediente de regulación de empleo, eso es lo que pasa – nos explicó Urgmûl, general orco despedido de su puesto-; Sauron no tiene un duro y ha decidido reducir plantilla. Salvo su guardia personal en Barad- Dûr y las patrullas en pueblos y ciudades para mantener el orden, el resto estamos en la calle. Incluso los Jinetes Negros han debido aceptar una rebaja de su salario, para conservar su empleo. Una escabechina, machos. Así que de guerra nada, os podéis volver a casita, que aquí todo el pescao está vendido.
- ¡Ahí va qué cabronada! – exclamé yo-. ¿Y tenéis subsidio?
- Seis meses, y luego ni los buenos días. Y tengo tres hijos y dos trolls que mantener.
- Pues esto no va a quedar así- dijo Aragorn-; yo no me quedo sin mi día de gloria. ¡Vámonos todos a Barad- Dûr, a montarle una manifa a este desgraciao del Sauron! ¡Soldados de Gondor! ¡Envainad vuestras espadas, guardad las hachas, dejad las flechas en sus aljabas y dejad vuestros escudos en los carros! ¡Orcos de Mordor! ¡Dadnos pitos y también banderas de vuestros sindicatos, que os vamos a apoyar en esto, hasta ahí podríamos llegar!

"¡Esto no va a quedar así!"
- Ah, genial, pues vayan a aquellos carromatos, ahí tenemos todo. ¡Viva Aragorn de Gondor, chicos! – exclamó Urgmûl-.
- ¡Vivaaaaaaaaaaaaaa!- rugimos humanos, elfos, orcos, hobbits y trasgos por igual-.
Y se formó un ejército como nunca se ha visto, que se dirigió a la Torre Oscura, Barad- Dûr, residencia de Sauron, al que montamos un pollo de una semana – acampamos en derredor de la Torre para no cejar en nuestras reivindicaciones-. La UGT (Unión General de Trasgos) y CC.OO. (Comisiones de Orcos), llevaron la voz cantante:
- ¡Sauron, cabrón, empleo y promoción!
- ¡Sauron, hijoputa, empleo en mina y gruta!
- ¡Sauron, escucha, con Aragorn en lucha!
Y al final, con el futuro rey Elessar, Urgmûl y Gandalf dando la tabarra en las negociaciones, logramos que Sauron readmitiera a regañadientes a 6.000 orcos para la minería, 1.500 para trabajos artesanos y 250 para las atarazanas de Gondor. Así pues, no os creáis lo que os cuenta Tolkien, ese embustero: la crisis fue sorteada con el fin de la guerra y la unión para hacer frente al poderoso, fuéramos de la raza que fuéramos. Aprended la lección. Hasta otra, Fot Aël S.