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Viajando con el IAJSS Julio 18, 2008

Posted by cauron in Las Crónicas de Fot Aël Shadowalker.
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Hijos míos, voy a dejar de lado por un momento la biografía de Domiciano Díaz “El Perrenque”, y paso a contaros los pequeños placeres de la jubilación y el reencuentro de dos viejos amigos…leed, leed…

Hace unas semanas me llegó una carta del IAJSS (Instituto de Aventureros Jubilados de la Seguridad Social), proponiéndome un viajecito. El aliciente más especial es que mi viejo amigo Lucinio, el enano (único superviviente de nuestro grupo, ya que, como diría Tolkien, el resto de muchachos están ya con Mandos e Ilúvatar), se unió a la excursión. Menudo abrazo que nos dimos, a pesar de conservar el pobrecillo su sempiterna mala uva. El tour era el siguiente: Rockhome-Ethengar-Darokin-Alfheim. Y por 200 miserables monedas de electrum, con todo incluido. Así que nos montamos en el carromato autopullman de los enanos de las minas, y en marcha hacia el Lago de las Gemas. Éramos en total un grupo de 34 abuelillos, todos ex-aventureros autentificados y pensionistas.

El picnic a la orilla del lago fue memorable: entre bocata y vinillo, una hidra cachonda (y hambrienta), nos atacó de improviso. Como yo tengo prohibidísimo atacar a estos seres(mi credo no me lo permite, ya que adoramos a la Hidra del Bosque Azul), me escondí tras unas rocas, mientras la susodicha devoraba viejunos sin compasión. Suerte que Lucinio y Segismundo, un clérigo de Tran de la antigua Lorena y que vive ahora en Akesoli, la espantaron a pedrada e insulto limpio. En total, 8 compañeros de excursión devorados, incluido Genciano, un oficial orco de Mordor prejubilado. Vaya mala suerte: sobrevives a 100 combates contra Aragorn o Legolas, vences en refriegas varias contra Gondor y Rohan llegando a capitán, para acabar  muriendo devorado por una hidra en un picnic de la Seguridad Social. Hay que joderse.

En fin, todos al carromato y carretera y manta. Las estepas del Khanato de Ethengar se nos hacían interminables; de hecho, amenazamos en un momento dado con un motín, si no se paraba para que pudiéramos mear (las vejigas estaban al borde del colapso). En medio de la faena, con chorro largo y calentito de los que dan gustirrinín, una imponente nube de polvo se levantó en el horizonte, y empezaron a caernos flechas del cielo como si lloviera: una partida de bandidos de la tierra nos atacó ferozmente. Menos mal que, en medio de los primeros caídos (con Lucinio y yo escondidos debajo del carromato), un hechicero jubilado pero aún con licencia legal para hacer conjuros, Romualdo de Minas Tirith, lanzó un hechizo de sueño y otro de muro de hielo, terminando con la amenaza; no obstante, 5 compañeros fallecidos más engrosaron la lista negra del viaje. La noche se pasó a la intemperie, ya que no dio tiempo de llegar a la posada. Lucinio y yo la tuvimos - ¡qué raro!-, ya que tocamos a una sola manta por cada 2 güelos, y hacía un frío nocturno de los de levantarte con los cojones pelaos. Tras recibir mi amigo del alma 2 bastonazos por mi parte - dados como Sauron quiere y manda -, me quedé con la prenda. Resultado: Lucinio dejó de hablarme durante todo el día siguiente, amén de pillar un trancazo de bigotes.

Seguidamente llegamos a Corunglain, donde resido actualmente, y como a nuestro guía se lo había zampado la hidra del Lago de las Gemas, hice de cicerone improvisado para los paletos que nunca habían estado en mi ciudad; debido a eso, me invitaron a todas las copas de ese día, acabando la jornada con tuteo a la autoridad, cantos regionales e insultos al clero. María de la Concepción, guerrera de Soderfjord, se me arrejuntó en el lecho durante esa noche, mientras un envidioso y resentido Lucinio golpeaba la puerta de nuestra habitación, gritándome que no había derecho, que los amigos lo comparten absolutamente todo y que yo solo no iba a poder dar la talla. Ni puto caso y lo que hicimos Conchi y yo ya os lo contaré cuando seáis mayores.

En el siguiente día llegamos a Darokin capital, con visitas al Museo de Guerra, al Ministerio de Asuntos Poco Claros - fachada gótica-, al Ayuntamiento - con huelga de funcionarios en las puertas, casi nos quedamos sordos con los silbatos y bocinas de los de Comisiones Guerreras-, y a las típicas pastelerías de fama mundial: los bombones de mantícora con cobertura de chocolate son de lo mejorcito, por no hablar del mazapán de carne de dragón dorado y almendra molida, un manjar. Nos quedamos 2 días en la ciudad, ya que es imposible verla sólo en una jornada, y más a nuestro ritmo de vejestorios. Por cierto, vaya gumias - buitres- mis compañeros de viaje: arramblaron con los cubiertos y vasos del restaurante donde cenamos. Y a mí me llaman ladrón (claro que yo robé los candelabros de oro de las paredes, la verdad sea dicha). Lucinio me volvió a dirigir la palabra y arrasó en mus, brisca y tute.

En el barco de Akorros a Akesoli, las dos urbes a orillas del  Lago Amsorak, una al este y otra al oeste, una inoportuna vía de agua hizo que el velero zozobrara y se fuera a pique, arrastrando a 13 compañeros al fondo. Para colmo de males, apareció un dragón negro que, aunque fallón con sus ráfagas de ácido - todas cayeron en el agua-, golpeó las chalupas de salvamento en las que habíamos escapado del naufragio, como si le debiéramos dinero. Menos mal que, todos a una Fuenteovejuna, le dimos de bastonazos, muletazos y gorrazos, espantando al bicho. Cabrón, vete a darle la murga a tu padre, si es que sabes quién es.    

Los 8 supervivientes del viaje llegamos a Akesoli, visitando la ciudad, rica en saber y arte. Volvimos en alfombra mágica a Akorros, pasamos allí la noche y nos fuimos a Alfheim. La merienda que nos ofrecieron los elfos del bosque de Canolbarth fue de las de agradecer toda la vida: pastelillos de cabello de ángel - allí lo llaman cabello de Galadriel-, clarete de Lothlórien Gran Reserva y flamenco élfico para terminar. Oyendo a Glorfindel de La Puebla tocar y a Arwen la Canastera de Beleriand cantar, Lucinio y yo lloramos como niños, recordando a Avelino y Poli, y sus duelos con Gandalf y Dámaso, el Balrog de Moria. Qué pena, por la Hidra. Al día siguiente se terminó el viaje y los del IAJSS nos devolvieron a nuestros hogares, no sin que Lucinio y yo nos despidiéramos con un sentido abrazo y prometiendo cartearnos…¡ah, qué recuerdos! Y María de la Concepción que a lo mejor se viene a vivir con servidor de ustedes…que me perdone mi difunta Lutgarda, pero a lo mejor me animo y esto acaba en boda, me cago en Saruman. Hasta otra, Fot Aël S.

Biografía de el Perrenque (2): las Guerras Sobrias Junio 29, 2008

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Al poco de estar Domiciano ya de mandamás en su cuartel de El Espinar de la Mantícora, al pie de las montañas del León Dormido -con un Saruman que desertó a las filas del Caos, y con el que el Perrenque no congenió demasiado-, estallaron las Guerras Sobrias.

Las Guerras Sobrias (libradas entre los años 900 - 894 antes del Cataclismo), fueron una serie de luchas intermitentes entre tropas regulares de las Tierras Orientales, por un lado, y hordas del Caos, por otro. ¿El motivo? la Ley Seca decretada por el rey Abdón V. Todos los alambiques fueron destruidos, todas las tabernas clausuradas, y el alcohol se convirtió en algo más preciado que el oro o la plata. El tema era que la cantina del Dragón Verde, dentro del cuartel del 71 de Intendencia, donde mandaba Domiciano, era el único puesto con un alambique ilegal en 500 km2. Por ello, las hordas de trasgos, orcos y gnolls señalaron ese objetivo como prioritario.

El asedio del cuartel

Poco tardaron esos monstruos en someter a la guarnición a un implacable asedio, en proporción de 4 a 1 para los servidores de Sauron, que por cierto mostró un vivo interés en capturar el enclave y su alambique, y siguió las operaciones atentamente.

Tras dos semanas de sangrientos asaltos con arietes, troneras, torres y escaleras, los orcos no lograron nada; por parte de los defensores, Domiciano ordenó una resistencia a ultranza, alentada sobre todo por el hecho de ser un cuartel de Intendencia, y tener agua y comida de sobra para resistir. Se imponía una bandera blanca y una negociación por ambas partes. Así, Crisóstomo, el legendario caudillo bugbear, se adelantó sobre su caballo negro y se plantó ante las robustas puertas, demandando diálogo:

- ¡Eh, Domiciano Díaz del demonio! ¡Quiero hablar contigo!

- ¡Te escucho, flacucho!

- ¡Danos mil litros del licor que fabricáis y te juro por Ilúvatar que levantamos el asedio! 

- ¡Tus promesas son más falsas que una moneda de madera! ¡Anda y que te den!

- ¡Sauron y Saruman en persona nos han mandado refuerzos! ¿Quieres que os asaltemos y aniquilemos?

- ¡No tienes lo que tienes que tener! ¡Y Sauron tampoco! ¡Y Saruman es un traidor renegado! ¡Aquí os esperamos a pie firme!

Con lo cual, vuelta a la batalla. Lo malo era que lo de los refuerzos era verdad, y los combates se recrudecieron, dejando a los defensores en una situación límite. Las puertas del acuartelamiento fueron derribadas con un enorme ariete, y comenzó la lucha cuerpo a cuerpo. Poco a poco, las hordas de monstruos iban aplastando a los hombres de Domiciano, que a pesar de su valor y resistencia iban cayendo como chinches. Por ello, el Perrenque montó sobre su caballo blanco, lanzó 4 antorchas encendidas contra la cantina y salió pitando por el portillo que daba a la barbacana. Así, las hordas arrasaron el cuartel y mataron a toda la guarnición, pero se quedaron sin alambique y sin alcohol; y Domiciano puso pies en Polvorosa y llegó a Ax-Erta, la capital, donde fue elogiado por su acción.

Cuentan que Saruman, por esa infamia de quemar la cantina con el alambique de modo tan rastrero, juró odio perpetuo a Domiciano; y se dice también que Sauron -con la garganta más seca que el lecho de un arroyo en verano y a régimen de agua mineral de Minas Morgul-, cuando recibió la noticia, se sentó en su trono, se quitó el yelmo con ambas manos y lo comenzó a morder, llorando de indignación y de rabia.

Nuestro protagonista fue justificado por Abdón V y pomovido a comandante de infantería por su valor.

El pobre Sauron se echó a llorar      

Biografía de El Perrenque (1) Junio 10, 2008

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Vamos a recuperar para la Historia, la vida y milagros de uno de los mejores aventureros, generales y cantaores flamencos que han dado estos mundos de Ilúvatar: Domiciano Díaz “El Perrenque”.

Domiciano Díaz Felón nació el 4 de Grâth (agosto), del año 924 a.C. (antes del Cataclismo, no de Cristo, que aquí en este planeta feérico no pinta ná), en Gualdrapa del Trasgo, Oon, un humilde estado del centro del Mundo Antiguo. Su padre era Melchor Pericles Díaz Shadowalker- Pintón, un sargento chusquero que fumaba como una chimenea, putero, aficionado al cante jondo y temido por la soldadesca bajo su mando. Su madre era María Gúdula Felón del Chápiro Verde, bellísima mujer de profesión sus labores, que empinaba el codo con ganas, era cicatera como ella sola en cuanto a compras y gustaba de los muchachitos reclutas que instruía su marido. Con todo, la napia de Domiciano, sus ojos y sus rasgos faciales hacen que no haya duda en cuanto a la paternidad de Melchor Pericles; otro gallo canta cuando hablamos de su hermano Anselmo y de sus hermanas Paula y Edelmira, sorprendentemente parecidos todos a Fede, el soldado querubín y guapito de la guarnición de la ciudad.

Fede el guapito y Mª Gúdula, pelando la pava

Como decimos, nació en el 924, cuando Ilúvatar, el Dios Supremo del que nos habla Tolkien, todavía no había acabado de poner ni los mares ni las cordilleras en su sitio, pero bueno…en la escuela demuestra ser un chaval avispao y estudioso, a pesar de que la vida en su casa es un desastre, debido a la mala uva de Melchor Pericles, a la desmedida afición al clarete de María Gúdula y al puterío de los dos. Su tío materno Salvador le inicia en el flamenco, educándole la voz, a la vez que su padre le instruye con las armas; el chaval demuestra madera en todos los aspectos y progresa lento pero seguro. A los 14 años ingresa en la Academia Militar de Oon, ya que desea seguir el camino castrense de su padre.

Domiciano, de decurión 

Aprueba los exámenes con brillantez y se le asigna, en calidad de decurión, el mando de un destacamento al pie de las montañas del León Dormido, al sur del país, foco de incursiones de orcos, kobolds y demás hierbas. Allí se foguea con estos monstruos, adquiriendo experiencia y conocimientos, que le aúpan al grado de centurión. En este momento conoce a Saruman, un humilde hechicero que cumple su mili, siglos antes de llegar a ser Saruman el Blanco de Isengard (Tolkien también nos lo cuenta). Continuará.   

 

Festival de la Minas de Moria Mayo 16, 2008

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Hijos míos, hay veces en las que hay que saber corregir los equívocos, las falsas historias, los bulos…y lo que nos cuenta Tolkien en El Señor de los Anillos, con respecto al tema de Moria, es una farsa. Aquí os dejo la verdadera historia, mucho más prosaica, terrenal y…jonda. Leed, leed…

Era la XXVIII edición del Festival Flamenco de las Minas de Moria, un evento imprescindible para todos los amantes del cante jondo en la Tierra Media. Se daban cita allí los más conspicuos líderes de las diferentes naciones: Sauron de Mordor, Denethor de Gondor, Théoden de Rohan…que siempre conversaban entre sí amigablemente, amén de echarse, después del recital, unas timbas de póker de las de bigotes (y el mentiroso de Tolkien nos los presenta como enemigos mortales, ¡jajaja!).

El caso es que, este año, había dos claros favoritos: por un lado, Dámaso, el balrog de Moria, prodigio de voz y de arte, y Gandalf, a la guitarra, que dominaba con espectacular maestría; y por el otro, nuestros compañeros de fatigas: Poli el mago, tartaja perdido menos cuando canta flamenco, que da gloria oírlo de la voz que tiene, y Avelino al toque, manejando su guitarra con un saber fabuloso.

Dámaso y Gandalf, según Tolkien

Aparte, pues estaban El Niño la Kobold, el cantaor kobold mariconazo más famoso; Urgmûl, caudillo orco de Rhûn, magistral en bulerías, rumbas y palos alegres; y Pepita de La Comarca, bailaora excelente.

El tribunal, compuesto por los más exigentes paladares del flamenco planetario, estaba compuesto por 4 humanos, 3 orcos, 5 kobolds, 1 dragón y 2 Uruk-Hai. Comenzó el Festival, retransmitido por palantir a toda la Tierra Media, y fueron quedando en el camino los jóvenes talentos de los que antes hablaba. A la final, llegaron los favoritos: Dámaso- Gandalf, que además jugaban en casa, teniendo el favor mayoritario del respetable, y Poli- Avelino, dispuestos a dar la sorpresa. Se arrancan los primeros con las Bulerías de Minas Tirith, tocadas con guasa y sapiencia a partes iguales; replican Poli y Avelino con los Tangos pa´l Frodo, dejando el pabellón en todo lo alto. Contraatacan Dámaso y el Mago Gris con la Seguiriya de Barad -Dûr, cosechando una ovación de gala; Poli y Avelino aguantan el envite con elegancia, con la Soleá de la Caída de Gondolin. El mismo Sauron se meó encima de gusto. Como la puntuación otorgada estaba muy igualada, se impuso otro tema de desempate: Gandalf y Dámaso se arrancaron con las Alegrías de Beleriand, en una actuación correcta pero no brillante. Poli y Lino echaron el resto con las Bulerías del Boromir Fiambre, obteniendo el favor de los eruditos (uno de los jueces Uruk-Hai, Leopoldo, fue quien mató al fulano ése a flechazos, como cuenta Tolkien).

Óle el flamenco y la jondura

Bueno, pues el caso es que Lino y Poli se alzaron con la Lámpara Minera, que los acreditaban como ganadores; lo malo es que Dámaso el balrog, de proverbial mal perder, le empezó a echar la culpa del desastre a Gandalf, el cual se defendió con aspereza. La cosa llegó a las manos y, sobre el puente de Khazad-Dûm, ambos se hostiaron y cayeron p´abajo, fracturándose varios huesos. La frase pronunciada por Théoden de Rohan, viendo la trifulca, sentó escuela:

- Gandalf no tiene la culpa…¡Dámaso, eres un membrillo de los cojones! (Y desde entonces, en toda la Tierra Media, cada vez que en una aventura uno de los del grupo se lía a hostias con sus propios compañeros, por los motivos que sean, se le llama Dámaso el membrillo).

Así que, historietas aparte, que no os tomen el pelo con historias de un Anillo Único, que si combates épicos, que si el balrog era malvadísimo…¡que no, hombre! ¡Que el balrog sólo era un cantaor con mala follá, y Gandalf era mejor con la guitarra que con los conjuros! Hasta otra, Fot Aël S.   

Corta y navega… Mayo 3, 2008

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…que vienen los vikingos. Eso nos pasó, hijos míos, en el mar de Ostland, el archipiélago del este, donde luego viví durante largos años, en la Casa Gremial, con mi pensioncita y mi Seguridad Social…pero bueno, vayamos al grano…leed, leed…

Estábamos en una carabela con nuestro colega el almirante Nicomedes, en plan  viaje de placer, frente a las costas de Ostland; corría el vino, era verano, estábamos en bermudas todos y Evaristo haciendo el conjuro de escudo  para protegernos del sol, mientras Satur, como buen clérigo, nos ponía un ungüento bronceador; Poli y Avelino dale que te pego a las bulerías y Segis desplumándonos al póker. Lo de siempre, vamos.

Disfrutando la vida

Al cabo de un rato, distinguimos una vela cuadrada roja en el horizonte, al norte, y Lucinio subió trepando como un gamo - había perdido 15 kilos ese verano, rara avis -, hasta la cofa del palo mayor, para gritar:

- ¡Son vikingos, y no creo que vengan en son de paz! ¡A las armas, a las armas!

Y se acabó el buen rollito: todos nos pusimos nuestras ropas almohadilladas y nuestras armaduras encima de ellas; cogimos el instrumental y nos preparamos. Yo cargué la ballesta y Nicomedes se puso al timón del buque para tratar de evitar el combate, intentando esquivar al drakkar de los cojones, que nos había aguado la fiesta:

- ¿Y no podían haberse quedao en su casa, contando sagas y bebiendo calvados? - exclamó Segis-.

- O escuchando un recital de Roxette o Europe, unos bardos de su tierra…- dije yo-.

Los drakkars son embarcaciones muy veloces, y Nicomedes nada pudo hacer: nos cazaron, y pudimos ver a toda la colección de vikingos preparándose para abordarnos, hachas en mano y con los escudos redondos esos de colorines, que si los sacudes parecen un pay-pay. El nombre del barco estaba escrito en caligrafía gótica y en rojo, seguro que con la sangre de algún enemigo; no sabíamos qué significaba, pero acojonaba: LERKENDALSTADION.

¡que vienen!

Antes de iniciar el ataque, les oímos gritar en idioma común, aunque eso sí, con acentazo:

- ¡Tödö listö, Herr Almirrante Laudrup! 

- ¡Puës adelantë, mis bravös! ¡Pör la Kronprincessin Magdalenaaaaaa……

- …quë está muy buënaaaa!!!! - corearon todos al almirante-.

Total: lanzan no sé cuántos garfios con cuerdas y tablas para abordarnos, y a pesar de que cortamos algunas, no pudimos evitar que saltaran sobre nosotros. Y comenzaron a volar las hostias: nos defendíamos muy bien, sobre todo Lucinio y Avelino, que ya habían rajado algunos escudos y roto algunos cascos de esos cónicos sin cuernos que llevan estos vikingos. No eran muchos, la verdad, pero luchaban con gran fiereza. A Segis le pusieron el jepeto de un mazazo mirando a Akesoli, y aunque no murió ni dejó de luchar, todos adivinamos que se pasaría unos días escupiendo dientes. A mí me acertó un hacha en la bota, suerte que la daga que llevo siempre ahí escondida amortiguó el golpe, porque si no me rebana el pie. Nicomedes y Laudrup luchaban con denuedo, uno con su casaca roja de almirante y el otro de azulón coliseum.

El caso es que la refriega se empezó a alargar, ya que ninguno de los dos bandos cedió; poco a poco, nuestras armas y sus armas se fueron rajando, deformando o rompiendo, hasta el punto de que llegó un momento en el que sólo contábamos con dagas y nuestros puños y pies. El combate se convirtió en una reyerta callejera. Laudrup, que había despachado al pobre Nicomedes de certero tajo en el gaznate, se dirigió a nosotros:

su almirante hablándonos

- ¡RRendíös, cöñö! ¡RRecönocëd nuëstrra superriörridad!

- ¡Ni de cachondeo, chaval! - exclamó Evaristo-, ¡ a ver cómo os manejáis con las navajas! 

- Oye, ¿y si solucionáramos esto de modo pacífico? - dijo Satur, siempre conciliador-.

- ¿Qué sugiërrës? - contestó el lugarteniente Solskjaer, el del mazazo a Segis-.

- U-una p-partida de p-póker, p-por ej-jemplo - terció Poli-.

- Nö, nö jugamös a esö. Perrö podëmos jugarr al fútböll. Y ël que ganë se quëda cön el buquë dël adverrsarriö - dijo Laudrup-.

- Ah, pues vale - acordamos todos-. Venga, poneos vosotros los petos amarillos sobre las cotas de malla, y nosotros nos ponemos los rojos - decidió Lucinio-. ¡A ver! ¡Armad las porterías con los tablones del abordaje y despejad la cubierta! ¡El árbitro será un muerto viviente que tenemos dentro de un ataúd en la bodega, al que resucitamos para estos menesteres!

- ¿Cómo se llama? - inquirió Solskjaer.

- Mejuto Collina. Es un vampiro jubilado de Darokin- respondió Avelino-.

En qué hora se nos ocurrió aceptar un partido de fútbol, maldita sea mi estampa. Todos jugábamos poquito, pero el Laudrup éste era un fenómeno. 7-1 nos metieron (6 de Laudrup y uno de Solskjaer), y el 1 en propia puerta (al jugador que se lo metió, Ljungberg, creo recordar, lo sacrificaron luego a Odín). Así que se quedaron con el barco y con todo lo que contenía. Nos dejaron una chalupa pa ganar tierra, y llegamos, tras remar como condenaos, al puerto de Zeaburg, con una mano atrás y otra alante. Debido a la vergüenza general, no volvimos a hablar del tema…hasta hoy, en que os relato la historia. Así que ya sabéis: si os abordan unos vikingos, ni de coña aceptéis un partido de fútbol con ellos. Hasta otra, Fot Aël S.

  

 

  

 

 

 

A cuerno quemado Marzo 19, 2008

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Hijos míos, tuvimos la mala fortuna de dar con Predator, pero no en las circunstancias que pensáis…menudo elemento era éste, en los Días Antiguos. Leed, leed…

Situación: cumpletacos de Evaristo, que hacía 123 y se conservaba como un treintañero (qué potra la de estos elfos, en ese sentido…), y nos había invitado a unas copas en El Trasgo Sarasa, taberna de Balshad, mi tierra, regentada por el bueno de Cipriano. De pronto, cuando ya estábamos medio codificaos, vemos aparecer a un tío como Edgar Davids, pero con la altura de Sabonis y unas mandíbulas de centollo malabar.

el mentado

- Oye, ¿alguno de vosotros es Evaristo Hojagrís? Es que tengo un regalo de cumpleaños para él - nos dijo, haciendo una pequeña reverencia-.

- Sí, soy yo. Y tú eres Nicanor el Predator, ¿verdad? Te envía Toñi, tu mujer, ¿no? Dale un beso de mi parte. ¿Y el regalo?

- Aquí lo tengo. Me dice Toñi…bueno, no me lo ha dicho ella, pero te lo digo yo: un beso fuerte para el hijoputa con el que puse los cuernos a mi marido, y que sepas que nuestro hijo Anacleto (Predator Jr.), ha nacido extrañamente con las orejas puntiagudas… 

 Y antes de que nadie pudiera reaccionar, se puso el cornúpeta de repente a lanzarnos proyectiles mágicos a mansalva, y se armó una en el local que te cagas. Logramos parapetarnos tras unas sillas y mesas volcadas, mientras nos preguntábamos que qué le pasaba a éste pollo…

- ¿Pero de dónde sale este pirao? - gritaba Segis-.

- ¿Yo qué sé, gilipuertas? - replicaba Satur-, ¡pero viene a dar cera el cabrón!

- ¡Dejaos de cháchara y responded al ataque coooooño! - chillaba yo, cargando mi ballesta como podía-.

Lo peor fue cuando Nicanor se volvió invisible, estos Predator pueden hacerlo, y si no que se lo pregunten a Schwarzenegger. Suerte que la infravisión de Lucinio, pudiendo detectar el calor de los cuerpos aunque sean invisibles, nos salvó el cuello (Evaristo también tenía infravisión, pero se había atrincherado en el lavabo y, probablemente, huido a la calle por el ventanuco, el maricón).

Evaristo en sus años mozos

Una certera bola de fuego de Poli, nuestro mago, guiado por los avisos de Lucinio, dio en el blanco, frenando el ímpetu del Predator, aunque por supuesto sin herirlo seriamente ¡estos bichos eran más recios que el cuero! Así que se impuso un momento de negociación:

- Pero vamos a ver, cangrejo rasta, ¿por qué demonios nos atacas a nosotros, si no tenemos nada contra ti? ¡Solucionadlo Evaristo y tú con un duelo en la calle! - Le espetó Avelino-.

- Pues quizá tengas razón…- dijo Nicanor, pensativo-.

- ¡Pero antes me pagas los desperfectos del local, cabronazo! - gritó Cipriano, saliendo como una furia de detrás de la barra-; ¡quiero ver en mi mano ahora mismo 50 monedas de oro o llamo a los alabarderos maderos!

Nicanor hizo un gesto de fastidio, musitando algo entre dientes que no entendimos, pero se sacó una bolsa de sus ropajes y se la dio a Cipriano, que se dio por contento tras ver su contenido. Así que llamamos al lavabo del local, en donde supuestamente estaba Evaristo, y le dijimos que saliera, para un duelo singular con Predator.

- ¡Un momento! ¡Es que estoy haciendo lo que se hace normalmente en estos sitios, y más cuando te dicen que hay un Predator cornudo esperándote!

Así que salieron a la calle, en un duelo a muerte, el uno frente al otro. Las reglas eran: espalda contra espalda, avanzar 20 pasos, volverse y lanzar un rayo mortal, desenfundando un pequeño bastón mágico. Yo fui el juez, expliqué las reglas y adelante. Ambos avanzaban lentamente, remarcando sus pasos, y a punto estaban de completar los 20 pasos cuando un mensajero, montado en una yegua tipo Vespa, frenó en seco delante de Nicanor:

- Es usted el Predator, ¿verdad? Carta certificada para usted. Firme aquí, por favor.

Interrumpiéndose así el duelo, Nicanor abrió la carta y la leyó atentamente. Los demás esperábamos expectantes, hasta que vimos a Predator tirar la carta al suelo, volverse hacia Evaristo y decirle:

- El duelo queda cancelado. Ya no tengo nada contra ti.

- ¿Y eso? - dijo nuestro elfo, con los ojos como platos-.

- Mi mujer se ha acogido al divorcio exprés. Desde esta mañana, ya no somos marido y mujer, así que…que te vaya bien. Me vuelvo a la selva, un vidente me ha dicho que, en un futuro, mataré marines estadounidenses…no sé qué es eso, pero no suena mal. Adiós.

Y así fue cómo conocimos a Nicanor el Predator…¡Ay, Evaristo, Evaristo, tan recto y honesto que nos parecías a todos, cabrón! Hasta otra, Fot Aël S.

De timba en el dungeon Marzo 2, 2008

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Hijos míos, mal rollo si vuestra aventura se convierte en una timba…nunca juguéis a las cartas si estáis de dungeon; leed, leed…

Llegó a nuestros oídos que en La Comarca se habían hallado varias vetas nuevas de oro, en minas ya abandonadas hacía tiempo, y que muchos aventureros se metían en ellas para tratar de sacar algo en limpio. Así que p´allá nos fuimos todos, con Segis haciendo de cicerone:

- Mirad, chicos: aquello es Bolsón Cerrado, aquello Alforzaburgo, aquello el Brandivino…me diréis que no es bonita mi tierra, ¿no?

- Muy hermosa, pero…¿dónde comemos, Segis?

- En el puti que regento con mi primo Eutimio. Es ahí.

Tras comer y echar una canita al aire, salimos en dirección a las minas, en Navas del Trasgo. A la entrada del complejo comenzaron las dificultades:

- Maldita sea, hay que entrar agachados - dijo Evaristo-.

- Habla por ti, espárrago triguero - replicó Lucinio-, que ya era hora de entrar en un dungeon para gente como yo.

Así que, salvo Segis y Lucinio, el resto caminábamos en cuclillas, lo que ocasionaba inoportunas y frecuentes ventosidades - las alubias de La Comarca eran contundentes como ellas solas -, golpes en la cabeza, e ir en fila india debido a la estrechez del lugar. Aquello era como Moria pero tamaño teletubbie. Y para colmo, las trampas: cuchillas, dardos, pendientes por las que resbalábamos y trompazo que te crió…en fin, un infierno y además con la impotencia de no poder casi ni maniobrar.

Tras horas de marcha, desembocamos en una amplísima estancia. Con todas las vértebras crujiendo y los músculos agarrotados, nos pusimos en pie cagándonos en todo el panteón en pleno:

- ¡Puto dungeon! Y encima luego habrá que volver por donde hemos venido - exclamé yo, con la misma flexibilidad en mi cuerpo que un espantapájaros-.

- ¡Que te crees tú eso! - retumbó en los muros una potente voz-.

Nos pusimos en guardia como buenamente pudimos, formando un círculo. De repente, un balrog como una catedral nos salió al paso:

- ¡Soy Genserico, el balrog conserje! ¡A ver! ¿Qué coño hacéis aquí?

- Pues buscar tesoros, caballero - dijo Segis-.

- ¡Aquí no hay nada desde hace tiempo! ¡El oro se agotó y los monstruos se fueron!

- ¿Cómo que no hay criaturas aquí? - exclamó Satur-. 

- Como te lo cuento. Fíjate si es verdad, que ni siquiera llevo mi espada o mi látigo reglamentarios; tan sólo mi chuzo y mis llaves.

- Entonces, los rumores de que se habían descubierto nuevas vetas de oro…- razonó en voz alta Avelino-.

- Mentira podrida, chavalotes. Un vulgar bulo de aldeanos. Por cierto, ya que estáis aquí, podemos echar un strip- póker, ¿no? Aquí tengo la baraja. Venga, animaos, que estoy muy solo…además, luego os conduzco a la salida. Y podéis pillar tintorro en ese aljibe de ahí.

Siendo como éramos, no hizo falta que se nos convenciera, la verdad: Lucinio barajó y adelante con los faroles.

Maldita la hora en la que se nos ocurrió aceptar; el cabrón ganaba todas las apuestas:

- ¡Juajuajua! Full de ases y treses. Tus botas, enano. A pisar uvas a partir de ahora…

- ¡Jojojojo! Escalera. Tu espada, Avelino. A luchar con los puños o a escupitajos.

- ¡Jajajaja! ¡Trío de reyes! Tu armadura de cuero, Shadowalker. Oye, me gustan tus gayumbos con florecitas…

- ¡Póker de damas! Tu símbolo sagrado, clérigo; a partir de ahora, a expulsar necrófagos a base de cortes de manga…¡jojojojo!

Era humillante. Nos levantó el malnacido todo el equipo, hasta los yesqueros y las escarpias. En paños menores y con las orejas gachas, nos dimos por vencidos y nos condujo a la salida. Cuando nos disponíamos a salir, en medio de sus carcajadas de tahúr, al meterse el juego de llaves en el bolsillo del calzón, de la manga de su cota de malla se le cayeron 4 comodines y 6 ases. Nos miramos durante una fracción de segundo y saltamos sobre él:

- ¡A por él! ¡Cabrón! ¡Tramposo!

- ¡Te vamos a apretar los huevos hasta que se te salten los ojos, timador de mierda!

- ¡Más hostias que el Netolín, vas a recibir!

Vaya paliza que le dimos, y eso que nos dio con el chuzo unos cuantos palos de los de moratón pa 2 meses. Pero al final lo dejamos medio muerto de la tunda, sangrando y molido, y recuperamos todo nuestro equipo. Salimos del dungeon y nos dirigimos a casa.

- Menudo cabrito - dijo Lucinio-, y pensar que me veía ya regresando al pueblo en tanga…

Así que ya sabéis, chicos: nunca aceptéis timbas en pleno dungeon, si no queréis que os pongan en evidencia. Hasta otra, Fot Aël S.

  

Una aventura alucinante (2) Febrero 5, 2008

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…”En fin, tras arreglar el desaguisado, Lorenzo el Fremen cogió su baliset, Avelino su guitarra y el buen flamenco arrakeen inundó el desierto de duende y jondura:- Al Duque lo llamaaaan Leto Cacojoneeeees…

- ¡Óle!

- ¡Arsa!

- Porque lo mató Yueeeeh, y ya no tiene obligaciooooneeeees…

- ¡Paaapi!

- ¡Ayayayay!

- ¡Quiyo!

Total, que con la juerga y el cachondeíto, se comenzó a oír un ruido retumbante, que fue a más. Los Fremen se excitaron:

- ¡Un Shai -Hulud! ¡Un Shai- Hulud!

- ¿Qué coño es eso? - dijo Lucinio-.

Pepito, el Shai Hulud

No hizo falta que nadie respondiera: un gusano como una plaza de Minas Tirith de ancho y más largo que un día sin pan, hizo acto de presencia. Mientras Paulino el Fremen y sus muchachos se arrodillaban, los del grupo dimos un salto, espantados, y formamos un círculo con las armas desenvainadas.

Al mismo tiempo que Lorenzo nos tranquilizaba, diciendo que era una deidad benéfica para ellos, el propio gusanazo rompió a hablar, con voz atronadora pero inteligible:

- ¡Hola, soy el Shai- Hulud de por aquí, me llamo Pepito! ¡Oye, que sigáis tocando esas bulerías cojonudas que os estábais marcando!

Dicho y hecho: de vuelta al sarao, todos dale que te pego al cante, al toque y a las palmas, con el gusano rodeándonos en un perfecto círculo de 360º mientras meneaba su inmenso cuerpo al compás. Lo malo fue que, tras un ratito, unos pájaros rarísimos, como los abejorros de mi Balshad natal pero metálicos, se aproximaron a nuestra posición.

- ¡Unos tópteros! ¡Los soldados del Emperador! ¡A cubierto!

Mientras Pepito desaparecía en un pispás bajo la arena, los Fremen nos llevaron a toda prisa tras unas rocas. Vimos aterrizar a esos tábanos gigantes, y salir soldados de dentro de ellos - cosas más raras hay que ver, por la Hidra-.

SARDAUKARS DUNE

Parecían duros y expertos, llevaban unos palos o canutos plateados en las manos, unas espadas en sus vainas y unas corazas llamativas, la verdad. Se dirigieron hacia nuestra posición, en formación de combate:

- ¡Achtung a los Fremen malditos! ¡Soy Niceto, coronel Sardaukar! ¡Rendíos, perros del desierto! ¡Somos el triple que vosotros! ¡O salís a la de 3 o abrimos fuego!

- ¡Anda y que se rinda el cabrón de tu Emperador, maricón! - gritó Paulino el líder-, ¡espera que te vamos a dar pa´l pelo!

A su señal, los Fremen, que además de los cuchillos esos raros llevaban ballestas y rudimentarios arcabuces - algo así como cañones con polvo de trueno, pero en pequeño y portátil-, hicieron una señora andanada que provocó varias bajas en los Sardanas esos, o como se llamasen; claro que ellos respondieron disparando sus canutos plateados, que resulta son como el proyectil mágico de Poli o Evaristo, pero en rojo y brillante, aunque su efecto mortal es el mismo. Total, que se montó un bochinche de 3 narices…”

CONTINUARÁ.

Una aventura alucinante (1) Enero 30, 2008

Posted by cauron in Las Crónicas de Fot Aël Shadowalker.
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Hijos míos, hay veces en las que te pilla un cambio de plano o dimensión, y las aventuras más disparatadas tienen lugar. Leed, leed…

ARENAS DE ARRAKIS (O SIND?)

Estábamos buscando un legendario tesoro nada menos que en el Muro de Fuego, el lugar más duro del gran desierto de Sind, cuando nos pilló una tormenta de arena que nos devoró sin compasión, ya que no nos dio tiempo a resguardarnos. Creímos llegada nuestra hora y, bueno, el caso es que, después de un tiempo indeterminado de no ver ni recordar nada, nos vimos en medio del desierto otra vez, todos sanos y salvos.

Tras dar gracias a todo el panteón en pleno por tamaño favor, nos pusimos de nuevo en marcha, y dimos con una pelea multitudinaria entre cantidubi de tipos vestidos de harapos- camuflaje para el desierto, hablando algo parecido al idioma de Ylaruam (arábigo), y tirándose piedras entre sí, con un furor que nos invitó a no tomar cartas en el fregao.

Tras un rato, y esto es lo más raro, se reconciliaron, se sentaron en corro y comenzaron a sacar una especie de guitarras y a cantar (muy mal, por cierto; si no llegamos a estar en pleno desierto, hubiera llovido fijo). Nos vieron, nos saludaron y nos conminaron a acercarnos:

- Venid, hombre, que no nos comemos a nadie. Bienvenidos al Sietch Tabr.

- ¿Al qué coñoooo? - replicó Segis-.

- Al Sietch Tabr de Arrakis, chavales.

- Pero si esto es el Muro de Fuego de Sind - dije yo-.

- No sé qué leches es ese lugar ni dónde está, pero esto es Arrakis, y nosotros somos los Fremen, unos de Villatreides de Abajo y otros de Villatreides de Arriba; por eso nos tirábamos piedras y nos currábamos, es parte del folklore local. Luego sacamos nuestros balisets y a reconciliarnos cantando.

- Un clásico - dijo Satur-.

LOS DE VILLATREIDES DE ARRIBA

- Bueno, y vosotros, ¿quiénes sois y de dónde salís, con esas ropas y corazas tan extrañas e inadecuadas para este clima, y esas armas tan primitivas? - preguntó Paulino, al parecer su jefe -.

- Bueno - se adelantó Evaristo, que flipaba con la situación-, somos un grupo de aventureros: Fot Aël el ladrón, Segis el Hobbit, Lucinio el enano, Satur el clérigo, Avelino el guerrero, Poli el mago y yo, Evaristo, el elfo.

- ¿Te metiste las orejas en un sacapuntas, jefe? - preguntó un gracioso, coreándole una carcajada general-.

- Soy un elfo, gañán. Luci es enano y Segis hobbit. El resto, humanos como vosotros.

- Vaya razas más novedosas y raras…bueno, permitidme el saludo de amistad - dijo Lorenzo, el lugarteniente, soltando delante de Lucinio el escupitajo al suelo de saludo y alianza Fremen-.

- Y yo me cago en tu padre y en tu madre - replicó Lucinio-.

Con lo que se produjo un amago de enfrentamiento rápidamente abortado por Evaristo y servidor. Tras tranquilizar a los Fremen, que habían sacado de entre sus atuendos unos cuchillos raros y brillantes - cris, o crys, o cras, creo que se llamaban- a la velocidad del rayo, hablé con el grupo, explicándoles que debía de ser su saludo ritual.

CONTINUARÁ.

“Tesnología” punta Enero 26, 2008

Posted by cauron in Las Crónicas de Fot Aël Shadowalker.
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Hijos míos, no penséis que todo se inventó ayer; también antes del Cataclismo teníamos nuestros adelantos e inventos, y no siempre hacía falta echar mano de la magia para solucionar las cosas…leed, leed el elenco de inventos del mundo Antiguo:

Chubasquero de asedio: éste tuve la fortuna de probarlo en persona, en un asalto a un castillo de orcos en Quintanilla del Hobgoblin. Consistía en un impermeable que te cubría absolutamente todo el cuerpo, incluso con careta para protegerte el rostro, y así, cuando los defensores del castillo nos arrojaban aceite hirviendo, tú ni te inmutabas, y además, el aceite se quedaba adherido a la tela en estado líquido, con lo que podías usarlo luego en las fritangas del rancho.

Flecha piraña: éste era un tipo de flecha muy usado por los nativos de zonas selváticas, y era especialmente temido, hasta el punto de que se dejó de usar, por tratados internacionales para humanizar las guerras. Si te alcanzaba uno de estos virotes, la punta no se te clavaba sin más, sino que súbitamente cobraba vida y te mordía hacia el interior de tu cuerpo, devorándote. Un arma criminal.

Legolas nunca usó esas flechas

Escudo ultrajante: un tipo de escudo muy resistente, que además te insultaba cada vez que fallabas tu golpe, rebotando tu arma contra el susodicho. Para bajar tu moral de combate y desacreditar completamente a tu señora madre.

Catapulta de tropas: un invento más bruto que un arao, no en vano lo diseñó un equipo de ogros que eran pacientes de un manicomio de Zor, el país caótico. Estas mentes iluminadas pensaron que, en el transcurso de un combate en masa, era determinante un continuo trasiego de tropas de refresco, para poder combatir bien. ¿Solución? Enviar esos soldados lanzándolos con una catapulta, al lugar donde hicieran falta. Si caían encima del enemigo, vale, pero si no…menudos refuerzos.

Manta élfica: para hacerte invisible a todas las miradas. Claro que no siempre funcionaba bien, y se te veía el plumero. Observad lo que pasaba en este caso:

Saeta marica: Un tipo de saeta - flecha disparada por una ballesta, para los profanos-, que se teledirigía mediante un sistema de detectores al ojete del objetivo. Los guerreros de Obela, que ya se conocían el percal, llevaban las cotas de malla hasta las rodillas, para evitar que estos dolorosísimos proyectiles lograran su propósito. Los que no se sabían el tema…pues eso.

Castillo hinchable: en Tierras Orientales hubo una época en la que el Rey, Endelecio IV, repartió títulos nobiliarios a mansalva. Como era condición sine qua non poseer un castillo para acceder efectivamente al título, se inventaron los castillos hinchables: en 10 minutos tenías tu fortaleza con puente levadizo, almenas, dos torreones, etc. Los cocodrilos del foso eran opcionales, y la tropa y la servidumbre corrían de tu cuenta. Lo malo era si una flecha kobold se clavaba en tu castillo en algún momento, o si un orco zapador tiraba del tapón…

Así que ya veis, juventud arrogante: no nos chupábamos el dedo. Hasta otra, Fot Aël S.